Esteban Pintos (coord.), Trayectorias académicas universitarias. Pensar la educación universitaria en el conurbano bonaerense, EDUNLA, Buenos Aires, 2025

Victoria Kandel

Universidad Nacional de Lanús (UNla), Argentina

El artículo 13 de la Ley de Educación Superior (24.521) establece los derechos de los estudiantes universitarios, mientras que el artículo 14 describe sus obligaciones. De ahí se desprende que las y los estudiantes universitarios tienen derecho a inscribirse, a no ser discriminados, a participar de centros universitarios, a elegir a sus representantes, a recibir información. Asimismo, el artículo 7 indica los requisitos para la admisión como estudiante a una institución de educación superior:

“Todas las personas que aprueben la educación secundaria pueden ingresar de manera libre e irrestricta a la enseñanza de grado en el nivel de educación superior. Excepcionalmente, los mayores de veinticinco (25) años que no reúnan esa condición, podrán ingresar siempre que demuestren, a través de las evaluaciones que las provincias, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires o las universidades en su caso establezcan, que tienen preparación o experiencia laboral acorde con los estudios que se proponen iniciar, así como aptitudes y conocimientos suficientes para cursarlos satisfactoriamente.  Este ingreso debe ser complementado mediante los procesos de nivelación y orientación profesional y vocacional que cada institución de educación superior debe constituir, pero que en ningún caso debe tener un carácter selectivo excluyente o discriminador.”  (art. 7, LES).

El libro que coordina Esteban Pintos, publicado por la editorial de la Universidad Nacional de Lanús (EDUNLA) reúne artículos que explican con claridad y detalle qué implica ser estudiante universitario. Si bien las universidades cuentan con disposiciones legales que indican cuáles son las trayectorias esperadas y previstas mediante los planes de estudio, este texto de reciente publicación da cuenta del contraste entre dichas trayectorias diseñadas institucionalmente y las trayectorias reales -vividas y sentidas- por estudiantes concretos.

Se trata de un material de gran actualidad, que combina perspectivas conceptuales que se interseccionan para describir el caso específico de las y los estudiantes que habitan, circulan y aprenden en el conurbano de Buenos Aires. ¿Cuáles son esas perspectivas conceptuales? El texto logra anclar aportes provenientes de los estudios sobre el Derecho a la Educación, junto con aportes provenientes de la noción de Justicia Educativa, e investigaciones sobre Trayectorias Estudiantiles. 

El mapa del conurbano de Buenos Aires está presente a lo largo de todo el texto, señalando que existen particularidades propias de este complejo y heterogéneo territorio argentino. De por sí, la Provincia de Buenos Aires concentra el 38% de la población total del país, según el censo de Hogares y Viviendas de 2022. En su interior, los dos cordones (que rodean a la Ciudad de Buenos Aires), son objeto de esta investigación.

Territorio difícil de delimitar por sus contrastes, su vastedad y su amplitud geográfica, contiene, al mismo tiempo “particularidades históricas, sociales, culturales e identitarias que conducen a que las mediciones de las condiciones económicas y sociales de la población sean tomadas como una unidad específica” (p.21). Es por ello que resulta esclarecedora la descripción inicial sobre las características de su población, compuesta por más de diez millones de personas. 

El libro ofrece una hipótesis de trabajo que podría expresarse del siguiente modo: para construir una trayectoria real (concreta, sentida y vivida) por estudiantes de una universidad del conurbano, es necesario entrecruzar distintos datos. Para saber cómo viven las y los estudiantes de universidades del conurbano su experiencia estudiantil, y cómo organizan sus trayectorias al interior de estas instituciones, es preciso tener en cuenta datos sobre el estado nacional y sus políticas públicas, datos sobre el territorio bonaerense, información sociodemográfica sobre el conurbano, además de los datos ofrecidos por las propias instituciones. Los recorridos que realizan las y los estudiantes por las universidades no son del todo lineales, tampoco son homogéneos ni abarcadoramente previsibles. Son, en rigor, “procesos complejos, situados y profundamente condicionados por factores sociales, territoriales e institucionales” (pag. 43). 

La información que produce este texto no es sólo un elemento que amplía la propia mirada sobre lo que significa ser docente o estudiante en una universidad del conurbano, es también un insumo fundamental para la gestión y, esperablemente, un aporte para los procesos de toma de decisiones. 

Los autores elaboran una herramienta que denominan TAC: Trayectorias Académicas del Conurbano.  Este texto aporta una mirada situada, contextual, que permite diferenciar conceptualmente las trayectorias idealmente planificadas (construidas en base a un tipo ideal de estudiante que difiere en muchos casos de las personas concretas que se habitan las aulas universitarias) de aquellas trayectorias reales que son las de personas con vidas, problemáticas, desafíos particulares. Y hay que aclarar que si bien este estudio se basa íntegramente en la situación del conurbano de buenos aires -y más puntualmente en las trayectorias de estudiantes de la Universidad Nacional de Lanús- propone una metodología que podría trasladarse a cualquier otra región del país. Porque lo que ofrece, en el fondo, es una herramienta de análisis, una metodología, o también, un par de anteojos a través de los cuales leer un aspecto fundamental de la realidad universitaria actual.

El modelo de análisis de las trayectorias académicas, como decíamos más arriba, se ancla en este caso en el conurbano de Buenos Aires, aunque su propuesta de abordaje es traducible a otras regiones del país. Pues da cuenta de la “novedad” que implica para la universidad recibir y dar la bienvenida a estudiantes que en su mayoría trabajan; que son padres y madres y/o tienen personas a su cuidado;  que provienen de sectores socioeconómicamente desfavorecidos; que conviven con alguna discapacidad (entre muchas otras condiciones); jóvenes y no tan jóvenes.  El trabajo ofrece un abordaje cuantitativo que diseña una variable denominada  SISE “Situación Socioeducativa de Estudiantes Universitarios”, en la cual convergen datos sobre desempeño académico, intensidad de la cursada y datos sociodemográficos. Dicho índice se construye tomando datos censales y sociodemográficos de la región, y colocándolos en diálogo con información extraída del sistema SIU-GUARANI-UNLA. 

Adicionalmente, el libro ofrece un estudio de caso (siembre referido a la UNLa), donde mediante entrevistas en profundidad se buscó conocer la experiencia de estudiantes de dos carreras muy disímiles, que sirven -nuevamente- como modelo y ejemplo traducible a otras latitudes y otros casos, y que permite conocer en escenarios concretos cómo se vive y experimenta la vida universitaria. Se trata de estudiantes de las licenciaturas en trabajo Social y de Sistemas. Se buscó analizar cómo factores como el género, el origen social y las expectativas vocacionales “configuran distintos modos de transitar la universidad” (p. 93). 

Por lo tanto, el libro permite identificar, a través de metodologías cualitativas y cuantitativas, cómo se va construyendo un “oficio de estudiante” (tomando a Borudieu como referencia) en un territorio concreto. Son experiencias situadas en diálogo con el carácter “universal” que también es parte de la identidad universitaria. 

Pero además, el libro da cuenta de algunas de las estrategias de acompañamiento y abordaje que se despliegan desde la propia institución permitiendo acompañar las trayectorias académicas reales que se despliegan en sus aulas, pasillos, comedor y campus. 

Como sabemos por datos generales del sistema universitario, y por los propios datos que ofrece el texto, las trayectorias académicas universitarias pueden discontinuarse, truncarse, evidenciar avances y retrocesos. Por eso no son lineales. El texto se encarga de reiterar este concepto. Por ello, junto a la descripción de las licenciaturas en Trabajo Social y en Sistemas, es muy relevante el trabajo particular que ofrece el capítulo quinto, sobre las trayectorias que se discontinúan, tomando como estudio de caso las carreras de modalidad a distancia. “Lejos de ser un formato más flexible o menos demandante, la educación a distancia redefine la relación entre el sujeto y la institución universitaria” (p. 173). Esta realidad en expansión -la oferta educativa de carreras a distancia- ofrece desafíos y problemáticas que son atendidas en este estudio, pues se trata de una nueva forma de habitar la universidad, pero que genera también trayectorias dispares. En este capítulo se busca recuperar la voz y la experiencia de estudiantes que por distintas razones debieron interrumpir sus estudios universitarios. La organización del tiempo, el trabajo en soledad, la combinación con trabajos, tareas de cuidado, y, desde ya, el enfoque de género, imprimen experiencias que interpelan el sentido de la vida universitaria.

Hay una vida universitaria que experimentan las personas que estudian, y algunas decisiones institucionales que buscan acompañar y orientar atendiendo a las evidencias empíricas que arroja la misma gestión universitaria. En ese sentido, otra de las virtudes del texto es haber sido escrito por un equipo de investigación que es parte de las actividades de docencia, investigación, cooperación y gestión de la propia universidad.

Cabe destacar que el capítulo sobre estudiantes con discapacidad introduce otro de los componentes que complejizan los estudios sobre vida universitaria. Si bien la universidad originalmente no fue pensada para estas personas, las personas con discapacidad acceden (con dificultades, pero lo hacen) a la universidad, al amparo de una ley (la ya nombrada al inicio de esta nota) que les garantiza su derecho a la educación superior. El cuarto capítulo del libro se ocupa de describir el marco normativo nacional e internacional que garantiza el acceso a la educación para las personas con discapacidad, y al mismo tiempo describe las estrategias institucionales que la UNLa se encuentra desplegando para dar acogida a las personas con discapacidad que deciden estudiar en sus aulas. El capítulo explica cómo el “modelo social de la discapacidad” se encarna en prácticas y abordajes concretos en el caso de la UNLa, pues esta institución traduce dicho modelo en ajustes razonables, apoyos y políticas de accesibilidad, junto con una “Agenda Estadística y un Sistema de Indicadores” que son insumos concretos para la gestión de la inclusión de personas con discapacidad.

El libro es ágil, hospitalario con quien lo lee, y además, resulta especialmente enriquecedor compartir su lectura con estudiantes universitarios (de esta u otra región del país). Pues el poder hacer explícita la brecha entre las trayectorias linealmente planificadas y las experiencias de vida de personas que habitan cotidianamente la universidad genera debates e intercambios de lo más estimulantes. Vale la pena leerlo y compartirlo.