Adolfo Pérez Esquivel

A 50 años lucha y memoria entre la angustia y la esperanza
El golpe de Estado por las Fuerzas Armadas Argentinas el 24 de marzo de 1976 marcó la vida del pueblo con la violencia represiva, la persecución, la muerte y el dolor. A pesar de tal situación, surgió la resistencia a la opresión.
Las dictaduras impuestas en América Latina se formaron en la Doctrina de Seguridad Nacional, el Operativo Cóndor y el terrorismo de Estado, apoyados por EE. UU. en todo el continente. A través de métodos aberrantes como la represión, la desaparición de personas, los centros clandestinos de detención, la torturas y desaparición de niños, así como arrojando prisioneros/as al mar y al Río de la Plata en los vuelos de la muerte, se buscó imponer un plan económico y político. También fue extendido el terror contra los trabajadores, los sindicatos, los intelectuales y los científicos, al punto que muchos de ellos tuvieron que salir al exilio.
A 50 años, debemos hacer memoria para que ella nos ilumine el presente. Por eso, quiero compartir con ustedes un breve recorrido por la memoria, siempre incompleta, pero que señala la resistencia de las Madres a la opresión. Jamás ellas ni los organismos de Derechos Humanos dejaron de reclamar saber dónde están sus hijos e hijas, sus parientes y sus nietos nacidos en los centros clandestinos .
Fue una lucha dura y desigual contra un andamiaje militar de terror, sostenido en la complicidad de sectores civiles y eclesiásticos. A pesar del dolor, la resistencia y la fuerza de amar de las Madres de Plaza de Mayo lograron avanzar y reclamar juicio y castigo a los responsables de 30.000 desaparecidos.
La Doctrina de Seguridad Nacional determina que, frente al deterioro interno y para sostener el poder, hay que buscar un enemigo externo. Las fuerzas armadas arrastraron al país a la Guerra de Malvinas. El pueblo sintió la reivindicación de ese territorio usurpado por los británicos a la Argentina. Muchos chicos soldados perdieron la vida en la guerra tratando de recuperar las Islas.
La pérdida de la guerra y las luchas populares forzaron a la dictadura a llamar a elecciones. En 1983 asume la presidencia del país Raúl Alfonsín quien, a pesar de las presiones militares, forma la CONADEP y con coraje lleva la política de Derechos Humanos a juzgar las Tres Primeras Juntas Militares, un paso importante para el país y el mundo, fundamental para lograr Juicio y Castigo a los genocidas que cometieron crímenes de lesa humanidad
El pueblo dijo “NUNCA MÁS”, teniendo presente que sobre la impunidad no es posible construir una democracia. Las Madres reclamaron saber dónde están sus hijos: “VIVOS LOS LLEVARON Y VIVOS LOS QUEREMOS”.
Lamentablemente, en Semana Santa se produjo el alzamiento militar en Campo de Mayo que presionó al gobierno de Alfonsín a sancionar las leyes de “Punto Final y Obediencia Debida”.
“La casa está en orden. Felices Pascuas”. Pero la casa sufría el desmoronamiento del Estado de Derecho y la impunidad de los criminales.
A 50 años, hubo marchas y contra marchas, el pueblo siguió resistiendo y reclamando juicio y castigo a los genocidas. Después de Alfonsín, asumió el gobierno Carlos Saúl Menem, personaje nefasto para el pueblo argentino, que declaró que “si decía al pueblo lo que iba a hacer, nadie lo hubiese votado”, indultó a los genocidas, privatizó las empresas del Estado, permitió la venta de territorios y el negocio de las armas a Ecuador en la guerra con Perú –cuando la Argentina era uno de los países garantes de la Paz entre estos países.
El gobierno radical de Fernando de La Rúa fue, por su parte, un desgobierno que debió terminar huyendo en helicóptero y abandonando la Casa de Gobierno en 2001, lo que provocó una situación caótica en el país y desató la represión. El pueblo reaccionó: se unió en asambleas populares, en grupos de trueque, trabajo por mercancía; se recuperaron fábricas; los músicos, poetas, pintores, filósofos, obreros, campesinos demostraron que no todo estaba perdido; y la solidaridad popular fue un signo de esperanza.
Posteriormente, se sucedieron gobiernos fantasmas y, después, una luz tenue se fue afirmando ante la incertidumbre con la llegada al gobierno de Néstor Kirchner, que recuperó el derecho del pueblo y la esperanza de un nuevo amanecer. Lo sucedió Cristina Fernández de Kirchner, una valiente y decidida presidenta que debe enfrentar fuertes presiones del poder económico y político. Hoy, a 50 años, ella es víctima del lawfare. Cristina se encuentra presa con causas abiertas para destruirla y evitar su participación política, con la complicidad del poder judicial y jueces sometidos al poder político. Milei declaró refiriéndose a Cristina: “Tiene que estar presa por muchos años”.
Cristina está condenada antes de ser juzgada.
Hay que seguir andando nomás, como decía el obispo Enrique Angelelli, víctima de la dictadura militar, asesinado el 4 de agosto de 1976 junto a tres sacerdotes y un catequista. Así como también las víctimas de la Casa de la Santa Cruz, entre las que había Madres y religiosas, fueron secuestradas por un comando militar a cargo del marino infiltrado en Madres, Alfredo Astiz, y arrojadas desde un avión al Río de la Plata.
A 50 años, seguimos buscando “Verdad y Justicia”. Se avanzó entre luces y sombras, y hoy se vive la incertidumbre frente al silencio de los partidos políticos, de los medios de comunicación y de los TRAIDORES A LA PATRIA QUE SE VENDEN POR CUATRO MONEDAS. Luther King decía que “No le dolía tanto la crueldad de los malos como el silencio de los buenos”.
El país tiene el gobierno negacionista de Javier Milei que ataca a los organismos de DD. HH., niega los desaparecidos y cuestiona su número. Pone en duda la memoria y los juicios a los represores y busca liberarlos, desconociendo los juicios en el país y el exterior.
Es un gobierno oscurantista que tiene por fin destruir el Estado, la política de DD. HH., las instituciones, la educación, la salud pública, la industria nacional, así como confrontar gobiernos latinoamericanos. Además de imponer su alianza con Donald Trump y el gobierno genocida de Israel, justifica la guerra contra Irán y el genocidio en Gaza. También apoya la invasión de EE. UU. a Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, a la par que refuerza el bloqueo a Cuba por la flota de mar generando la crisis energética y económica. Gobiernos latinoamericanos cómplices guardan silencio ante la política de Trump, con lo que violan la soberanía y autodeterminación de los pueblos.
Son culpables del DESPOJO DE LA PATRIA. El pueblo es custodio del territorio nacional, de la Madre Tierra y de sus recursos naturales. El gobierno de Milei busca despojar al pueblo de sus bienes y entregarlos a los EE. UU. y al capital financiero, es un saqueo sin piedad que desconoce los derechos del pueblo.
Para imponer esa política de despojo y entrega, el único camino es la represión a los jubilados y a las organizaciones sociales y políticas, que se asemeja a la dictadura militar.
“El monstruo de siete cabezas” continúa vivo y amenazante para la justicia social, el derecho del pueblo y sus recursos. Hoy los derechos del pueblo son violentados.
Es necesario hacer Memoria de los 50 años, del caminar del pueblo entre luces y sombras, de los aciertos y errores. Una interrogante muy llamativa y preocupante es saber para quién gobierna Milei, que realizó 15 viajes a EE. UU. durante los cuales abandonó sus obligaciones con el pueblo argentino. Milei ataca a las instituciones, genera desempleo y hambre, apoya el genocidio de Israel contra Palestina y la guerra contra Irán por EE. UU e Israel. Su política de odio es desconocer los derechos del pueblo, que para el gobierno no existen y prefiere reemplazar por intereses económicos y políticos para saquearlo.
Sin embargo, el pueblo resiste al odio y al oscurantismo de Milei y su banda, y se manifiesta cada 24 de marzo marchando y levantando las banderas de la dignidad y la soberanía a pesar de que el monstruo y sus intereses quieran fagocitar al pueblo.
SON 30 MIL PRESENTES.
NUNCA MÁS, ES NUNCA MÁS.
MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA FRENTE AL NEGACIONISMO DE MILEI.
LOS DESAPARECIDOS, PRESENTES, AHORA Y SIEMPRE.
Adolfo Pérez Esquivel
Buenos Aires, 14 de julio de 2026