Mariana del Valle Arroyo
Universidad Nacional de la Patagonia Austral (UNPA) / Universidad Nacional de Catamarca (UNCA)
El libro Las fronteras de la universidad pública: Instituciones, identidades y saberes, coordinado por Sandra Carli (2024) y fruto de un proyecto de investigación UBACYT, constituye un aporte significativo al campo de los estudios sobre la educación superior y, principalmente, sobre la universidad. En su desarrollo, nos introduce e invita a discutir la noción polisémica de “frontera”, situándose en el contexto actual de una universidad en constante tensión, permeada por transformaciones institucionales, debates sobre las identidades y los saberes, y marcada por las huellas de crisis recientes como la pandemia de COVID-19. En esta reseña, interesa recuperar el concepto de frontera como eje articulador de los objetos de análisis que se exponen y anidan en la educación superior, en las múltiples perspectivas que conversan en este libro y que las discusiones ponen la mirada en retrospectiva por lo dicho, lo expuesto y lo concreto de las vivencias. Es un libro de notable vigencia y que adquiere, en la agenda actual de las universidades, un entretejido para seguir comprendiendo la compleja realidad que atraviesan, donde las fronteras de lo democrático y de la accesibilidad a la educación superior han entrado en conflicto nuevamente.
La noción de “frontera”, tanto como concepto y herramienta analítica, permea los diversos objetos de indagación propuestos en el libro. Cómo se desarrolla en la introducción escrita por Sandra Carli, esta categoría se aborda desde una triple perspectiva: como límite institucional, como lugar de alteridad y mezclas culturales, y como sitio de conflictos y desigualdades. Desde este posicionamiento, el libro se apropia y se nutre de la categoría de “la frontera como método” de Mezzadra & Neilson (2016) para desentrañar las tensiones y los conflictos que “tornan borrosa la línea entre inclusión y exclusión” en las instituciones universitarias. Este eje articulador permite analizar la institución en su relación con procesos macrosociales —como la desterritorialización o el debilitamiento de las políticas de educación superior en clave histórica—, así como detener la mirada en los sujetos y sus experiencias. En este sentido, su lectura invita a problematizar la universidad más allá de la imagen de una torre de marfil, reconociéndose como un espacio biográfico (Carli, 2023) donde las fronteras se alteran, difuminan y generan metamorfosis.
El libro se organiza en dos partes, proponiendo un recorrido desde la discusión teórica e histórica hasta el análisis de corpus y experiencias concretas. La primera parte, “Fronteras en disputa: universidad, política y sociedad”, se adentra en la complejidad de las relaciones de la universidad con su adentro, su afuera y su territorio, entendiendo este último no solo como lugar de emplazamiento, sino como una dimensión analítica tensionada por otras. En el primer capítulo, Sandra Carli adopta una perspectiva histórica, anclada en tres dimensiones —instituciones, identidades y saberes—, para recorrer cuatro momentos clave donde la noción de frontera adquiere sentidos particulares. La autora destaca que estas problematizaciones ya habían sido anunciadas en ensayos y producciones previas sobre la universidad de alcance latinoamericano. La pandemia de COVID-19, señala, opera como un analizador privilegiado de la erosión de fronteras: la incorporación masiva de tecnologías y su materialidad (entornos virtuales, mediaciones digitales) se apropiaron de los espacios tradicionalmente presenciales, planteando interrogantes sobre los límites entre lo presencial y lo virtual, lo público y lo privado, y reconfigurando el hábitat universitario. Siguiendo una clave histórica, Carli analiza un corpus de ensayos que cuestionan y orientan la problematización de los cambios en las fronteras de la institución universitaria en procesos de afirmación, debilitamiento, erosión, desplazamiento o restricción y su relación con el Estado, el mercado global y la sociedad, así como las transformaciones identitarias y de los saberes. En esta línea, ofrece un abordaje exhaustivo, mostrando cómo, por ejemplo, en los años 70, la porosidad de las fronteras de la universidad pública cobró especial relevancia en el contexto latinoamericano, recuperando para ello aportes sustanciales de ensayistas como Darcy Ribeiro, Arturo Roig y Rodolfo Puiggrós, quienes reflexionaron sobre la reforma universitaria, la crítica al modelo dependiente y la necesidad de una universidad comprometida con la transformación social y la soberanía nacional.
Continuando esta exploración de las fronteras en disputa, Sergio Friedemann, en su capítulo “La trayectoria político-académica de Rolando García luego de los Bastones Largos: demarcación de fronteras y construcción de memorias”, nos aproxima a los “trabajos de fronterización”. Este concepto le permite analizar los esfuerzos discursivos y prácticos mediante los cuales figuras como Rolando García trazan y desafían los límites entre el espacio de la academia y la política; sus fronteras no se presentan como lineales, sino como construcciones históricas y permeables, cuya percepción y narrativa se ven influenciadas por los “trabajos de la memoria”, en tanto que el pasado es recordado, olvidado o reinterpretado. La mirada analítica sobre los aportes de Rolando García no solamente ponen en valor las contribuciones para enriquecer la comprensión de su trayectoria, sino que también la utiliza para cuestionar categorías como “politización” o “partidización” en la universidad, que resultan de activos “trabajos de frontera” donde las identidades académicas y los compromisos políticos se negocian y redefinen constantemente, especialmente en contextos atravesados por movilizaciones sociales y de radicalización.
Estas lecturas en clave histórica y política de las fronteras se ven sustancialmente nutridas con el capítulo de Bárbara Masseilot, “Comunicación de conocimientos en experiencias inter- y transdisciplinarias. Las fronteras de la investigación”, que da cierre a esta primera parte del libro. En esta oportunidad, la autora emplea el concepto de frontera para abordar la interfaz entre la universidad pública y la sociedad, a través del prisma de la comunicación de las ciencias. Para ello, su análisis se sitúa en los Programas Interdisciplinarios de la UBA (PIUBA), entendiéndolos como espacios donde estas fronteras resultan particularmente visibles y productivas. Desde una perspectiva semiótico-material inspirada en la Teoría del Actor-Red, define la “frontera de la investigación” como un sitio de encuentro, traducción y asociación entre actores heterogéneos (académicos, funcionarios, productores, ONGs). De ello se desprenden ejemplos concretos en áreas como el cambio climático y las marginaciones sociales, temáticas de gran vigor en la agenda actual, por la vulneración de las políticas como por la invisibilización de fenómenos naturales de un cambio climático imposible de negar. Caracteriza cómo las prácticas inter y transdisciplinarias no solo desafían los límites disciplinares internos de la universidad, sino que también redefinen sus contornos externos al involucrarse activamente en la atención a problemas sociales complejos, convirtiendo la comunicación en un elemento constitutivo de la propia investigación y de la legitimación social de la universidad.
La segunda parte del libro, “Fronteras de la experiencia estudiantil: desplazamientos, transiciones y horizontes”, cambia el foco hacia las vivencias de los sujetos. Se presenta como un encuentro necesario y situado con las experiencias de quienes transitan las fronteras, sus borramientos y debilitamientos, y construyen su oficio como estudiantes en instituciones fronterizas, que merecen una pausa analítica para comprender cómo los procesos macrosociales se traducen en vivencias y voces afectadas. En este marco, el capítulo de Andrés Santos Sharpe, “Fronteras institucionales, rituales y circulación de información en el pasaje del secundario a la Universidad. Reflexiones a partir de la experiencia de la pandemia”, trae el concepto de frontera al análisis del pasaje simbólico entre la escuela secundaria y la universidad, deteniéndose en la mirada de la institución universidad como objeto que define y delimita frontera, principalmente en las trayectorias estudiantiles. Para ello, se encontrarán los lectores con un abordaje donde la centralidad está puesta en las identidades, a partir del análisis comparativo de quienes eligieron la universidad pre y pospandemia por el virus COVID-19. En ese análisis, se problematiza cómo la delimitación fronteriza de la institución escolar y la universitaria, a través de su cultura, rituales y formas de circulación de la información, inciden notablemente en las elecciones de los estudiantes. El autor resitúa la discusión en uno de los momentos del devenir de la universidad expuesto por Carli en el capítulo 1: el momento bisagra de la pandemia en la transición entre niveles, reconociendo las múltiples fronteras presentes en el espacio de experiencia estudiantil (institucionales, simbólicas, informacionales), que se presentan como ejes de negociación alterados, afectando la toma de decisiones y la construcción de trayectorias. Para Santos Sharpe, en los procesos decisorios, el vínculo con el conocimiento disciplinar de las carreras y su devenir como posibilidad de elección se vieron sustancialmente dificultados en la pandemia; esto resulta un aporte sustancial para los estudios que se centran en las trayectorias de los estudiantes en la educación superior. El abordaje se realiza en clave de procesos complejos y no simplemente como una instancia aislada, presentándose como experiencias desiguales, ya que los puntos de inicio son disímiles y atravesados por espacios que se vieron reconfigurados, como los rituales de iniciación a la universidad y los circuitos de información que viraron a otras modalidades.
Posteriormente, María Paula Pierella en su capítulo “Zonas de frontera en los inicios a la vida universitaria. Una aproximación desde experiencias de movilidad estudiantil”, continúa con la mirada en las vivencias de estudiantes que se trasladan para estudiar en la Universidad Nacional de Rosario (UNR), especialmente aquellos definidos como foráneos (de pequeñas localidades argentinas) y migrantes (principalmente de Brasil), y cómo este tránsito tiene lugar en “zonas de frontera”. Aquí, nuevamente, estas fronteras no son sólo territoriales, sino también profundamente culturales, semióticas e idiomáticas, implicando un constante proceso de traducción y negociación de sentidos por parte de quienes ingresan a la universidad. Ahora bien, esta “zona de frontera” posee relatos vívidos que denotan las diferencias que subyacen en cómo son experimentadas y gestionadas. Ejemplo de ello se observa en cómo los estudiantes del interior transitan el “desarme” de identidades previas y el “rearme” en un nuevo contexto de mayor autonomía y diversidad en la experiencia urbana. Para los estudiantes brasileños, la frontera idiomática y el “pudor semiótico” (Camblong, 2014) son cruciales, junto con la adaptación a metodologías pedagógicas novedosas. Así, el capítulo muestra cómo la movilidad estudiantil intensifica y particulariza las dinámicas fronterizas del ingreso, revelando la heterogeneidad de los procesos de afiliación institucional.
Finalmente, esta segunda parte cierra con el trabajo de Marcela Sosa, “Formación de científicos en la universidad: límites, pasajes y fronteras”. Desde una perspectiva sociológica, se analiza la formación de físicos en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), donde los estudiantes se ven atravesados, en primer lugar, por la física como disciplina y su devenir en un modelo de habitus científico particular y, en segundo orden, por la creación de nuevas fronteras organizacionales (la fundación del IMAF) y un ideal formativo selectivo. Esto resulta crítico para la trayectoria de los futuros científicos debido a las fronteras patentes en momentos como el extrañamiento inicial, la crisis de abstracción a mitad de carrera o las experiencias de movilidad doctoral. La aparición y problematización del “oficio de científico” se presentan en pasajes que regulan la experiencia y en la generación de desigualdades en el desarrollo de identidades profesionales; esto no es menor para comprender quién logra acceder y transitar con éxito el camino hacia la ciencia. Nuevamente, la dimensión y la lupa en las tradiciones y la cultura institucional aparecen como un continuo en tanto instituye fronteras que son fundamentales de desentrañar.
El reconocimiento de las ‘fronteras’ universitarias en términos analíticos, y su contextualización en el acontecer argentino, nos sitúa –como sugiere Carli en la obra reseñada– ante la posibilidad de un nuevo ciclo, ya sea de restricción o de redefinición de estos límites. Finalmente, el trazado conceptual y los estudios de caso presentados en el libro invitan a una reflexión crucial: ¿en qué medida las fronteras, con sus alteraciones y transiciones, son no solo fenómenos a constatar, sino también espacios y procesos que pueden ser apropiados y resignificados por las propias instituciones? Esta interrogante abre la puerta a pensar en cómo los cambios podrían conllevar procesos de reapropiación de las transformaciones que se generan al interior de estos límites. Dicha reapropiación se vislumbra tanto en las representaciones y vivencias estudiantiles como en las prácticas y agencias de los diversos actores que habitan, construyen y disputan la institución universitaria (Pizzarro, 2017). En este sentido, Las fronteras de la universidad pública no solo ofrece un paisaje y situación de las fronteras analizadas, sino promueve futuras indagaciones, orientadas a revisitar los ciclos de cambio y su profunda incidencia en las reconfiguraciones identitarias, institucionales y, fundamentalmente, en los ámbitos de la gestión político-académica actuales.
Referencias bibliográficas
Carli, S. (2023). La universidad como espacio biográfico: Itinerarios académicos, intelectuales y políticos en humanidades y ciencias sociales. Prometeo Libros.
Pizarro, M. (2017). El proceso institucional de apropiación de tecnologías en establecimientos educativos: un primer acercamiento a su conceptualización. En R. Cabello y A. López (Eds.), Contribuciones al estudio de procesos de apropiación de tecnologías . Del Gato Gris; Red de Investigadores sobre Apropiación de Tecnologías.