Brechas en la graduación en la Educación Superior argentina y su impacto sobre la equidad

Ana García Fanelli

Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES)

Introducción 

Como ha ocurrido en la mayoría de los países de América Latina y el Caribe (ALC), la matrícula de educación superior argentina se ha expandido a un ritmo notable en las últimas décadas. Entre 1980 y la actualidad, la matrícula promedio de educación superior en ALC aumentó casi seis veces y medio (UIS, 2025). En el caso de Argentina, según datos de los Censos de 1980 y 2022, la matrícula en educación básica se duplicó en este período, mientras que en educación superior creció más de siete veces (INDEC, 2024 a, b). En términos de tasa anual promedio de crecimiento, la educación básica creció a un ritmo de 1,7% anual promedio y la superior 5,2% (INDEC, 2024 a, b). Es por ello que varios de los países de la región se encuentran en la etapa que Trow (2006) llamó de universalización, esto es cuando la tasa bruta de escolarización superior es mayor al 50%. En esta etapa ya se ubica la Argentina, con una tasa bruta de escolarización superior de 67,3% en 2022 (Ministerio de Capital Humano, 2024a). 

Este proceso ocurre simultáneamente con el envejecimiento poblacional de ALC. Un documento de CEPAL muestra que en los años 50, ALC presentaba la segunda mayor tasa global de fecundidad del mundo (5,8 hijos nacidos vivos por mujer), detrás sólo de África (6,6 hijos nacidos vivos por mujer). Esta situación contrasta con la actualidad: en 2022 ALC se posicionó como la tercera región con más baja tasa global de fecundidad (1,8 hijos nacidos vivos por mujer), por detrás de América del Norte (1,6) y Europa (1,5).  De hecho, la población de 0 a 14 años en ALC llegó a su máximo en 2001 (CEPAL, 2023). Este proceso de achicamiento de la matrícula potencial en el grupo de 18 a 24 años se aprecia en su tasa negativa de crecimiento anual promedio en Brasil, Chile, Costa Rica, Cuba, siendo esta tasa de apenas 0,4% para ALC como región y 0,35% para Argentina (Red ÍNDICE, 2024, INDEC, 2023). 

La desaceleración en el crecimiento de la población de 18 a 24 años revela el fin de la etapa del bono demográfico en algunos países, según se expresa en la disminución de la tasa de dependencia1. Durante esta etapa de caída, los gobiernos tienen la oportunidad de invertir para elevar la productividad laboral de modo tal de compensar la futura disminución de la población potencialmente activa. La inversión en educación superior avanzada en este periodo es por tanto central, tanto como lo es elevar la proporción de la población que alcanza este nivel educativo. 

Aun cuando esta tendencia demográfica afectará en el futuro la demanda social por educación superior en ALC, no lo hará en el corto plazo ya que la mayoría de los países de esta región todavía no han alcanzado la meta de universalización del egreso en la educación media, especialmente entre los sectores más desaventajados social y económicamente. Así, algunos países todavía verán aumentar su demanda social gracias a la mejora de las tasas de graduación de la educación media. En ALC ocho de cada diez estudiantes que accedieron a la educación superior entre el 2000 y el 2013, lo hicieron gracias al aumento en la tasa de egreso en la escuela secundaria (Avitabile, 2017). 

Además del aumento en la graduación en el nivel medio, contribuye con este proceso de masificación, el crecimiento y la diferenciación de instituciones de educación superior (IES) y la diversificación de programas y, en algunos países, como es el caso de Chile, Brasil, Perú y Colombia, el sector privado ha cumplido un papel central en la expansión de la matrícula de educación superior (Brunner et al., 2024).

Si bien, más allá de las brechas que persisten en el acceso según nivel socioeconómico y cultural del hogar del estudiante, el avance en la escolarización superior de la población más desaventajada social y económicamente, en ALC en general y en Argentina en particular, ha sido muy importante (Brunner et al., 2024).  No obstante, los niveles de graduación en el nivel superior se mantienen bajos en varios países y, especialmente, en el caso de Argentina. Es por ello que, en el marco del acceso universal, la menor graduación entre los sectores desaventajados económica y socialmente transforma la cuestión de la eficiencia interna de la educación superior en una cuestión de equidad. 

El objetivo de este artículo es, en primer lugar, identificar el perfil de las/los estudiantes que acceden a la educación superior argentina, centrándonos en particular en la educación universitaria estatal. Entendemos que este perfil está altamente relacionado con los desafíos que se presentan en cuanto a la conclusión de los estudios universitarios. En segundo lugar, analizamos algunos indicadores que dan cuenta de la desigualdad de la graduación en el espacio de Iberoamérica, analizando especialmente la situación de Argentina en el contexto internacional. Finalmente, formulamos algunas reflexiones respecto de la necesidad de producir nuevo conocimiento sobre esta cuestión social a fin de contribuir con el diseño de políticas institucionales y públicas encaminadas a cerrar esta brecha en la desigualdad social en la graduación.  

Perfil de las/los estudiantes en la educación superior Argentina

A lo largo de estas últimas dos décadas se ha profundizado la feminización de la matrícula de educación superior, a la par que creció la participación de las/los jóvenes pertenecientes a los sectores de menores ingresos, en su mayoría primera generación en su familia con estudios de nivel superior y las/los estudiantes no tradicionales, es decir, quienes ingresan con más de 25 años.  

Estos procesos de cambio se vinculan con el aumento en las tasas de egreso del nivel medio, especialmente a partir de la segunda década del siglo XXI. Entre el 2000 y el 2011, las/los egresados del nivel medio común tuvieron una tasa de crecimiento anual promedio (TCAP) de apenas 0,3% y en adultos del 1%. La situación cambia radicalmente en la siguiente década: entre el 2011 y el 2023 la TCAP de los egresados en la secundaria común es del 5% y la de adultos del 5,6%, predominando las mujeres por sobre los varones (gráfico 1). 

Gráfico 1. Evolución de los graduados en la educación media común y adultos, 2000-2023

Fuente: Elaboración propia en base a datos de los anuarios estadísticos del Ministerio de Capital Humano (2024b). 

La mayoría de las/los estudiantes del último año del nivel medio tienen expectativas de ingresar a la educación superior, así lo señalaron quienes fueron evaluados en la prueba Aprender en 2019. En particular, el 67 % de las/los estudiantes secundarios planearon seguir estudiando en educación universitaria y el 17% en educación terciaria, apenas el 5% pensaban dedicarse sólo al trabajo (Adrogué et al., 2024). 

Acompañando este aumento en la cantidad de personas graduadas de nivel medio y, especialmente, de egresadas mujeres, la tasa neta de escolarización superior femenina se elevó de 42,4% en 2004 a 48,7% en 2022. En igual periodo, los varones tuvieron una tasa neta de escolarización superior de 33,5% y 36,4% respectivamente (SEDLAC, 2024). 

El proceso de cambio más notable fue el aumento de la tasa neta de escolarización del quintil de menores ingresos, pasando de 19% en 2004 a 31% en 2022.  El 85,7% de las y los estudiantes de este quintil de ingreso estudia en el sector público, frente al 72,4% del quintil de mayor ingreso (SEDLAC, 2024). En 2023, poco más de cuatro de cada diez estudiantes de educación superior de 18 a 24 años pertenecían a hogares de los dos quintiles de menores ingresos (EPH, 2023, cálculo propio). 

Estos procesos de cambio en el perfil socioeconómico y cultural de las/ los estudiantes de educación superior ya se apreciaban entre el alumnado del último año de la escuela media. En un trabajo realizado en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) observamos que la proporción de estudiantes que pertenecían al quintil de menores ingresos duplicaba su valor en el conurbano bonaerense respecto a la Ciudad de Buenos Aires (CABA) (34% y 17% respectivamente). También se apreciaba una diferencia significativa en el plano del capital cultural, mientras que en CABA el 69,4% de los estudiantes del último año del nivel medio era primera generación, en el conurbano bonaerense ascendían al 91,8% (García Fanelli, 2021). Cabe tener presente al respecto que en 2022, los padres del 73% de las/los nuevos inscriptos en las universidades nacionales presentaban como nivel máximo alcanzado el secundario completo (Ministerio de Capital Humano, 2024b).

De acuerdo con la literatura especializada (Choy, 2001; Chen & Carroll, 2005), los estudiantes de primera generación tienen mayor probabilidad de abandonar sus estudios universitarios, aun controlando por otras variables como nivel socioeconómico del hogar y la trayectoria académica previa. Esto lo hemos corroborado en una investigación realizada entre las y los estudiantes universitarios de Argentina con datos de la Encuesta Permanente de Hogares (García de Fanelli & Adrogué, 2015).
Cabe también destacar que uno de cada tres estudiantes que ingresan a las universidades nacionales es mayor de 25 años (Ministerio de Capital Humano, 2024a).  La magnitud que presenta el crecimiento del estudiante no tradicional responde tanto a las trayectorias escolares que se interrumpen por la necesidad de ingresar al mundo del trabajo, abandonos de los estudios por no alcanzar los logros académicos previstos y también a la expansión en los últimos diez años de las egresadas/os del nivel medio en la modalidad de adultos (gráfico 1). 

La proporción de estudiantes mayores de 25 años entre las/ los nuevos inscriptos en 2022 en las universidades nacionales es muy heterogénea, mientras que en la Universidad de Buenos Aires representaban el 18%, en varias universidades del conurbano, tales como las Universidades Nacionales de Avellaneda, Jauretche, Guillermo Brown, Hurlingham, J.C.Paz, Quilmes, Tres de Febrero y San Martín, ascienden a más de la mitad de las/los ingresantes (Ministerio de Capital Humano, 2024b). 

En suma, el aumento en la cantidad de egresadas/os de la educación media, en conjunto con la expansión institucional, favoreció el acceso a la educación superior de cada vez más jóvenes de sectores de los grupos de menores ingresos, primera generación en su familia con educación superior, en ocasiones con trayectorias escolares no tradicionales, lo cual explica la elevada edad con la que acceden a los estudios de nivel superior. 

Este proceso de fuerte expansión de la educación superior en Argentina y su situación todavía favorable en términos del bono demográfico, explican que en el espacio de Iberoamérica tenga la mayor cantidad de estudiantes cada 10 mil habitantes (gráfico 2). 



Gráfico 2. Cantidad de estudiantes primer título cada 10 mil habitantes, 2022

Fuente: Elaboración propia en base a datos de la Red Índice (2024).

Este indicador muestra el gran avance alcanzado hasta el momento en lo que respecta a la escolarización de la juventud argentina en el nivel superior y, especialmente, a la incorporación creciente de sectores socioeconómica y culturalmente más desaventajados. No obstante, este logro no se replica en un aumento en el número de graduadas/os en la educación superior. La situación es especialmente preocupante cuando se compara los indicadores del stock de graduadas/os de nivel superior de Argentina con lo que acontece en el plano internacional. 

Desigual graduación en la educación superior en Iberoamérica y en Argentina

Los indicadores elaborados por la Red Índice para Iberoamérica y los producidos por la OECD en su documento Education at a Glance 2024 nos permite identificar la brecha que muestra el caso argentino en lo que respecta a la cantidad de graduados de educación superior. 

Como lo muestra el gráfico 3, entre los países de Iberoamérica con información disponible para el año 2022, la proporción de graduados de nivel superior es de 64 cada 10 mil habitantes en la Argentina. Este valor se ubica muy por debajo de países como Chile, España, Portugal, Colombia, Ecuador, Costa Rica y Panamá. 

Gráfico 3. Cantidad de graduados de educación superior cada 10 mil habitantes, 2022

Fuente: Elaboración propia en base a datos de la Red Índice (2024). 

Otro indicador relevante para analizar el stock de capital humano avanzado en el país respecto de otros países desarrollados y de América Latina es la proporción de personas con educación superior completa entre la población potencialmente activa (25 a 64 años) y la población joven (25 a 34 años). Estos indicadores son medidos periódicamente por la OECD (2024).  

Es preocupante que la Argentina, que tiene como vimos la mayor cantidad de estudiantes cada 10 mil habitantes de Iberoamérica, incluso que países europeos como España o Portugal, tenga un indicador tan bajo de población con educación superior completa. En particular es llamativo que, a diferencia de lo que ocurre en todos los otros países de la OECD, la proporción de población con educación superior entre los jóvenes de 25 a 34 años no sea más alta que entre la población de 25 a 64 años. Un dato además destacable es que sólo el 12% de los varones de 25 a 34 años en Argentina tenía educación superior completa en 2022, de acuerdo con los datos del Censo Nacional de Población y Vivienda2

Cuadro 1. Población con educación superior completa 2022

Fuente: elaboración propia en base a datos de OECD (2024) e INDEC (2024). 

En una investigación que hemos realizado con datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) en el grupo de jóvenes 18 a 30 años que asistió a la educación universitaria, encontramos que la probabilidad de obtener un título de educación superior disminuyó entre los varones, los de menor nivel socioeconómico, los estudiantes primera generación y los mayores de 25 años (Adrogué & García de Fanelli, 2018).  

Asimismo, en un trabajo llevado a cabo por Argentinos por la Educación (Templado et al., 2022) se muestra cómo disminuye la proporción de las/los estudiantes de menores ingresos que pertenecen al decil más pobre en la matrícula de educación superior a medida que avanzan en la carrera universitaria. El decil de menor ingreso representaba el 7,9% en el primer año, pero sólo el 1,1% en el quinto año. Esta situación contrasta con la de los estudiantes del quinto decil, que mantienen su proporción a lo largo de los 5 años y del decil de mayores ingresos que eleva su proporción de 5,3% a 12,7%. Este dato da cuenta de cómo el abandono de los estudios universitarios impacta más en los sectores de menores ingresos que no logran, por tanto, obtener el título universitario. 

De ello se desprende la importancia estratégica de contar con más y mejor información que explique por qué la graduación es menor en estos grupos demográficos, económicos y culturales para el diseño de políticas públicas que busquen cerrar esta brecha en la graduación. También es relevante contar con evaluaciones del impacto de las políticas de retención y ayuda económica implementadas hasta el momento por las instituciones y por los gobiernos, de modo tal de tratar de mejorar su eficacia. 

Con relación a las becas, la política de ayuda económica a las/ los estudiantes de nivel superior más importante en función de su cobertura ha sido el programa Progresar (Programa de Respaldo a la Educación Argentina) creado en 2014. En 2022 Progresar otorgaba becas de educación superior a aproximadamente 300 mil estudiantes de educación superior dentro de las distintas categorías de carreras prioritarias y no prioritarias universitarias, la educación terciaria no universitaria y enfermería. En ese momento el monto era variable en función del tipo de beca y el año de cursada, su monto equivalía entre 14,7% y 39,7% del entonces Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVM). En función de estos montos, es probable que las becas Progresar favorecieron la accesibilidad a la educación superior en la medida que afectaba parcialmente sobre la barrera que ejercen los costos directos que conlleva el estudio en el nivel superior para el alumnado de los hogares socioeconómicamente vulnerables. De esto da cuenta la encuesta aplicada a beneficiarios del programa en 2014, donde señalan que los montos recibidos eran destinados principalmente a útiles, apuntes y viáticos. No obstante, dado su monto, estas becas no constituyen un mecanismo adecuado para cubrir los costos indirectos o de oportunidad de no trabajar mientras se estudia. Por tanto, su efecto sobre la persistencia y la graduación puede no ser elevado, especialmente si las becas no son acompañadas por actividades especiales de acompañamiento y mejora de la formación académica de los estudiantes (García de Fanelli, 2021). En 2024 se asigna un único monto a las becas Progresar de $35 mil, equivalente apenas al 12,9% del SMVM de octubre de 2024, por lo que su impacto se ha limitado por tanto aún más. 

Además de Progresar, el Ministerio de Capital Humano financia el Programa Nacional de becas estratégicas Manuel Belgrano, destinado a carreras prioritarias vinculadas con alimentos, ambiente, computación e informática, energía, gas, minería, movilidad y transporte y petróleo. Si bien el monto de la beca es mayor, $81.695 en marzo de 2024, equivalente a la remuneración bruta de una ayudantía de segunda simple ajustable anualmente con el acuerdo paritario docente, su nivel de cobertura es mucho más bajo que Progresar ya que tiene un cupo de ingresos nuevos de 36 mil becas. 

En suma, si bien dentro del concepto de función de producción educativa, la cantidad de egresados y su relación con los ingresantes es un indicador que refleja la eficiencia interna de una institución (García de Fanelli, 2005), en la situación presente en Argentina, en la cual existe una brecha importante en la graduación según condiciones demográficas, económicas y culturales del alumnado, este indicador expresa también un problema serio en la equidad de la educación superior. 

Reflexiones finales

Consideramos que, si el objetivo es aumentar la tasa de graduación y disminuir los tiempos de estudio, garantizando la calidad y la equidad del funcionamiento universitario, se requieren:

  1. Indicadores que permitan un diagnóstico certero sobre la dimensión del problema de la graduación y la duración de los estudios en las universidades públicas en las distintas instituciones y carreras.
  2. Estudios longitudinales que permitan identificar cuáles son los principales factores sociales, económicos, culturales, demográficos y organizacionales que inciden sobre el abandono y el alargamiento en la duración de los estudios.
  3. Información sobre carreras demandadas en el mercado laboral y sobre requerimientos futuros, para mejorar la orientación vocacional y la construcción de expectativas de estudios entre las/ los estudiantes del secundario.
  4. Analizar la eficacia de las políticas de becas existentes en lo que refiere a la mejora del acceso en carreras prioritarias, la persistencia, el rendimiento académico y la graduación y evaluar si los montos son apropiados para los objetivos perseguidos.

Avanzar en la formación de capital humano avanzado es central para acompañar el proceso de crecimiento económico y mejorar las posibilidades de movilidad social ascendente, especialmente entre los grupos de jóvenes pertenecientes a las poblaciones económica y culturalmente más desaventajadas. Por supuesto, además de nuevas políticas públicas e institucionales para mejorar los índices de graduación en la educación superior se requieren condiciones de demanda laboral que acompañen la expansión de la oferta, las cuales no han sido favorables en la última década. 

Referencias

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Notas

1  Es el cociente entre la población teóricamente inactiva (menores de 15 años y mayores de 65 años) y la población potencialmente activa (15 a 64 años) multiplicado por cien. 

2 En la metodología de OCDE se informa que en el caso de los estados miembros se utiliza una metodología común para la construcción de este indicador. En el caso de los países no miembros se contó con información provista por la OIT, quizás a partir de datos suministrados por los gobiernos de cada uno de los países incluidos en el cuadro de la OCDE. En el caso argentino probablemente sea una estimación según datos de la EPH.