En memoria de Juan Carlos del Bello

Daniel Toribio

Universidad Nacional de Lanús (UNLa)

El 19 de julio ppdo. falleció de un paro cardíaco en la ciudad de Viedma Juan Carlos del Bello. Sin dudas, fue uno de los principales actores de la vida universitaria de nuestro país de los últimos 30 años, por las consecuencias que sus actos y decisiones han tenido en las prácticas cotidianas de nuestras universidades. 

Juan Carlos del Bello nació el 5 de junio de 1951 en Mar del Plata, pero cuando tenía cinco años, su familia se radicó en General Roca e hizo la primaria y la secundaria en escuelas públicas de esta ciudad. Su padre fue el primer odontólogo en el Hospital Zonal de Allen. Después, inició sus estudios en la entonces Universidad Provincial de Neuquén, luego Universidad Nacional del Comahue (UNCO); fue cofundador de la Línea Estudiantil Nacional, primera agrupación estudiantil peronista de la región y luego se incorporó al Peronismo de Base; se recibió de Licenciado en Desarrollo y Programación Económica; hizo un curso de posgrado en Economía y Planificación Regional en la Universidad Nacional del Sur y se incorporó como docente en la UNCO, de donde en marzo de 1975 fue expulsado junto a un centenar de colegas por el Rector interventor Remus Tetu. En septiembre 1976, partió a Costa Rica exiliado, donde permaneció hasta 1984 y realizó su actividad profesional, especializándose en temas de Ciencia y Tecnología; fue profesor invitado en universidades públicas, ejerció cargos en la gestión pública en el área de planificación y fue asesor del primer programa en Ciencia y Tecnología del PNUD en Costa Rica.

En 1984, Del Bello regresó a Argentina como parte del Programa de Repatriación de Científicos de la Secretaría de Ciencia y Técnica (SECYT), obtuvo una beca del International Development Research Center (IDRC) de Canadá, para trabajar en una investigación sobre agricultura pampeana, en el Centro de Investigaciones Sociales sobre el Estado y la Administración (CISEA), bajo la dirección de Martín Piñeiro, y fue reincorporado como docente en la UNCO. En 1987 formó parte del grupo de investigadores que, con la dirección de Daniel Chudnovsky, creó el Centro de Estudios Internacionales (CEI) y trabajó en la SECYT. Se incorporó al Peronismo Renovador, a los equipos técnicos del Partido Justicialista de la Capital Federal y participó en la Fundación Andina, que conducía Octavio Bordón, a quien asesoró en la formulación de una nueva ley de promoción industrial.

En 1989, durante el gobierno de Carlos Menem, se desempeñó primero en la Secretaría General de la Presidencia y luego, en el Ministerio de Economía, donde fue designado subsecretario de Estudios Económicos. En esta función formuló y negoció el primer préstamo con el BID (PMT I) destinado a la Modernización Tecnológica, que dio lugar a la creación del Fondo Tecnológico Argentino (FONTAR) y asesoró al entonces diputado nacional Jorge Rodríguez, a cargo de la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados de la Nación, en el proyecto que fuera sancionado como Ley de Promoción y Fomento a la Innovación Tecnológica (Ley 23.877). 

En 1993, fue designado primer Secretario de Políticas Universitarias y condujo un proceso de transformaciones en el sistema universitario argentino que, en gran medida, siguen vigentes. Este proceso estuvo orientado por la agenda internacional de la educación superior, que hacían suya los organismos de crédito internacionales, pero que también adoptaron países de alto desarrollo que no dependían de estos organismos, como Francia y Alemania, por citar dos. Esta agenda internacional para la educación superior tenía ejes muy definidos: la diversificación de las fuentes de financiamiento y la introducción de sistemas de evaluación y acreditación, que respondían al ideario neoliberal, por cual el Estado dejaba de tener un control directo y burocrático sobre las universidades y pasaba a tener un control indirecto, a través de agencias intermedias, que asegurarían la calidad universitaria y condicionarían el financiamiento. 

Como parte de este proceso, la gestión de Del Bello impulsó la sanción en 1995 de la Ley de Educación Superior y puso en marcha una serie de programas, como el Fondo para el Mejoramiento de la Calidad  (FOMEC), que financió reformas en las universidades; el Programa de Incentivos a los docentes-investigadores, que en un primer momento ordenó la investigación en las universidades y jerarquizó a los docentes-investigadores, más allá de otros resultados no deseados, y el Sistema de Información Universitaria (SIU), que desarrolló de modo colaborativo una serie de aplicaciones informáticas para la gestión universitaria. Sin lugar a dudas, la novedad más importante de la LES fue la creación de la CONEAU, que si bien en un principio pudo ser sospechada y resistida, rápidamente ganó legitimidad en el sistema universitario argentino y contribuyó a mejorar la calidad de los posgrados, las carreras reguladas, las universidades existentes y, también, frenar la creación de universidades privadas sin evaluación previa de sus proyectos institucionales. La LES también prevé que las universidades pueden cobrar tasas por los servicios educativos, lo que no tuvo ningún efecto a nivel del grado por el enorme peso que tiene la gratuidad en nuestro sistema universitario.

Del Bello después de ocupar el cargo de Secretario de Políticas Universitarias, en 1996 fue designado al frente de la Secretaría de Ciencia y Tecnología (SECYT) y durante su gestión se creó la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, que administra diversos fondos, con recursos del Tesoro Nacional y del crédito externo, e implementa distintos instrumentos de promoción de la Ciencia y la Tecnología.

En el año 2000 fue designado miembro de la CONEAU por cuatro años; fue Director del INDEC entre el 2002 y el 2003; en el 2007 elaboró el proyecto de creación de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN) y en el 2008 fue nombrado Rector organizador de esta nueva universidad, de la que luego fue Rector electo por los períodos 2011– 2015, 2015 – 2019 y 2019 – 2023. En estos años de gestión al frente de la UNRN, Del Bello le imprimió a esta Universidad un fuerte compromiso con el desarrollo local, la innovación y la inclusión y, a la vez, ocupó en varias oportunidades distintos cargos en el Comité Ejecutivo del CIN. 

En lo personal, tuve la oportunidad de trabajar en la Secretaría de Políticas Universitarias durante la gestión de Del Bello y recuerdo el liderazgo que ejercía sobre su equipo de gestión; la notable capacidad de trabajo que desplegaba en largas jornadas; el exhaustivo conocimiento que adquirió en breve tiempo de la problemática universitaria, que era reconocido por especialistas y autoridades universitarias y el entusiasmo con el que encaraba las medidas que impulsó.

Con motivo de su fallecimiento, los testimonios de quienes lo trataron son coincidentes al destacar la pasión y el compromiso con la que defendió sus ideas y propuestas y, también, el profundo conocimiento que tuvo de las cuestiones universitarias y de ciencia y tecnología.

En la UNRN, en el sistema universitario y en el de ciencia y tecnología se va a extrañar a este hacedor incansable, que va a seguir entre nosotros por los cambios e innovaciones que introdujo en los ámbitos en los que actuó.