
Ernesto F. Villanueva
Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ)
La masividad es importante, pero no alcanza
Las universidades argentinas son gratuitas desde el año 1949 y eso favoreció el ingreso masivo y permanente de nuevos estudiantes.
Nuestro país se caracteriza por el ingreso irrestricto y no existen exámenes de nivel secundario. Prácticamente tampoco se exigen competencias particulares para el ingreso a la vida universitaria. Tal cuestión fue impulsada por la ley 27.204/15 que directamente prohíbe los cursos de ingreso eliminatorios.
A estas características, se le sumó la importante expansión de la cantidad de instituciones en todo el país en las últimas décadas, que acercaron la oferta educativa a regiones sin tradición universitaria. Hoy todas las provincias argentinas tienen, al menos, una universidad pública nacional.
Dichas cuestiones contribuyen al aumento considerable de la matrícula y al ingreso de jóvenes de primeras generaciones universitarias en sus familias. En muchas de las recientemente creadas universidades del conurbano bonaerense, esta cifra supera el 80%.
Si bien la masificación es un hecho positivo y característico del modelo académico argentino, no podemos desconocer los altos índices de abandono, repitencia y de fracaso de los estudiantes. Tenemos que ser conscientes de que la masividad no garantiza en sí mismo el derecho a la educación, sino más bien al ingreso momentáneo a la institución.
Los datos estadísticos están reflejando lo siguiente:
- solamente dos de cada diez jóvenes culminan su carrera de grado en tiempo. La deserción en posgrado es aún más alta;
- el abandono y la deserción están presentes, sobre todo, en el primer año;
- el abandono es más alto en los sectores sociales de menores ingresos y en aquellos que tienen un bagaje cultural más bajo.
En varios casos los egresados del colegio secundario tienen nivel deficiente y carecen de medios tecnológicos elementales. Una parte del estudiantado acarrea problemas de lectoescritura y existe una estratificación cultural de origen que impide la igualdad de posibilidades:
- el egreso es superior entre los estudiantes de ingresos medios y altos y entre los jóvenes provenientes de escuelas privadas;
- la excesiva extensión de algunas carreras y la inexistencia de acreditaciones parciales de recorridos, contribuyen al fracaso.
Reflexionando sobre la deserción
En el año 2011, la Universidad Nacional de General Sarmiento y el Instituto de Estudios y Capacitación (IEC), publicaron el trabajo de Ana María Ezcurra “Igualdad en la educación superior. Un desafío mundial”. El libro desarrolla las siguientes hipótesis:
a- El sistema universitario local, regional y mundial, forma parte de un proceso de masificación del ingreso que coexiste con una “tendencia estructural clave: altas tasas de deserción” (p.17). El trabajo puntualizó que la “deserción en educación superior se concentra en primer año” (p. 27).
b- La deserción en “educación superior, en el seno de aquella masificación, entraña una desigualdad aguda y en alza ya que afecta en especial a alumnos de franjas socioeconómicas desfavorecidas” (p.22). Entre los factores socioeconómicos “condicionantes” para el abandono de la universidad, la autora menciona el estatus de formar parte de una “primera generación” universitaria y la realidad de muchos estudiantes que tienen que trabajar tiempo completo para costear la educación.
c- La deserción se relaciona a “dificultades académicas” y éstas varían en función de los estratos socioeconómicos de donde provienen los alumnos. La autora menciona que una preparación secundaria insuficiente y la existencia de un bajo capital cultural, son factores condicionantes de la graduación.
El libro recorre algunas experiencias institucionales ejecutadas para enfrentar la deserción. La autora destaca que, en general, se trabaja sobre los alumnos y no sobre los docentes y que las experiencias carecen de una buena articulación institucional. Entre las medidas más generalizadas, menciona las tutorías, los seminarios en primer año y otras acciones focalizadas como las becas.
El libro concluye mencionando la crucial importancia que adquiere el tema y recomienda, entre otras acciones:
– aplicar reformas educativas y curriculares en el primer año, dando “alta prioridad real” al tema;
– revisar las “expectativas” de las instituciones, atendiendo las desigualdades culturales de los alumnos;
– promover un mayor compromiso de los docentes sobre la problemática de la deserción y sobre las medidas tendientes a mejorar la retención.
Las políticas universitarias para aumentar la retención y el egreso
Para abordar el tema, nuestras instituciones suelen aplicar políticas sociales de becas de comedores o de apuntes u otras acciones como los jardines maternales para estudiantes con bebés. Además, es habitual que se fomenten las políticas de “nivelación académica” implementando seminarios o cursos de ingreso orientados a nivelar y desarrollar habilidades académicas y de estudio.
Las tutorías docentes o de estudiantes avanzados (tutores pares) es otra de las estrategias habituales. En general, estas acciones enfrentan el límite de que las universidades carecen de condiciones para garantizar el primer año de estudio y faltan infraestructura y docentes. Los cursos numerosos dificultan la relación con el estudiante y se hace difícil formar el pensamiento científico y crítico.
Algunas universidades promueven vínculos con las instituciones del nivel secundario de su zona de influencia. Este tema funciona muy bien en los colegios dependientes de las universidades y los jóvenes se habitúan a la dinámica universitaria ya desde la adolescencia y además van orientando sus vocaciones. Con el fin de fortalecer estas acciones, la Subsecretaría de Fortalecimiento de las Trayectorias Estudiantiles del Ministerio de Educación de la Nación acaba de lanzar la Convocatoria “Sigamos Estudiando: Fortalecimiento de las trayectorias y la enseñanza en la Educación Secundaria”.
Una nueva Ley de Educación Superior y la deserción
El tema de la deserción no debería quedar fuera del debate sobre un nuevo marco regulatorio de la Educación Superior. Es un momento oportuno para hacer un balance acerca de las políticas implementadas y de su posible institucionalización.
- Políticas de articulación con el nivel medio
La solución al problema de la deserción involucra al “sistema” educativo y no solamente a la universidad. Tal cual comentamos, la formación del nivel secundario es fundamental para la permanencia en la universidad. La LES incluyó ámbitos de coordinación educativa de los distintos niveles y subsistemas educativos como son los CPRES. La nueva normativa podría partir de esta experiencia y proponer nuevos ámbitos para el trabajo conjunto a nivel regional y local entre el nivel medio de gestión provincial y las universidades nacionales. Además, el tema de la deserción y de la articulación de niveles medio y superior debería ser una agenda permanente del Consejo de Universidades.
- Políticas sociales
La nueva ley debería incluir las experiencias de becas sociales, becas orientadas a temas estratégicos, becas familiares y las políticas de subsidio y de apoyo a los grupos vulnerables.
- Recorridos académicos flexibles
La nueva normativa podría incluir marcos curriculares más flexibles, permitiendo y favoreciendo la acreditación y la titulación de recorridos parciales. En este punto se debe tener en cuenta el debate sobre la extensión de las carreras, que nos convierte en un rara avis en el mundo occidental y oriental.
- Políticas de apoyo a las experiencias exitosas
La LES fomenta la evaluación de calidad educativa y esto es muy auspicioso. Al momento de las acreditaciones de grado y de posgrado suele incluirse el indicador de permanencia y de egreso estudiantil. Sería deseable que se fomenten estándares en este sentido y que a nivel de carrera y de institución, las políticas de retención y de egreso sean evaluadas y tenidas en cuenta como parte de la calidad y de los planes de mejoramiento. Asimismo, sería importante avanzar hacia un esquema institucional que asigne recursos especiales a aquellos programas que mejoren los estándares de permanencia y de egreso.
- Tipos de ingreso
Tal cual comenté al inicio del artículo, la ley 27.204/15 eliminó los cursos de ingreso eliminatorios. Esta medida no fue acompañada de recursos especiales para garantizar el derecho a estudiar en cualquier carrera. En general, si cada joven elige libremente su carrera, sin regulación alguna, la universidad estaría impedida de aplicar una planificación. El ingreso irrestricto supone abandonar la planificación institucional y nacional de la educación en un país con problemas y con demandas sociales, productivas amplias y no resueltas.
Es importante tener en cuenta, que los recursos son finitos y no es posible ofertar todas las carreras en todas las universidades. Tal cual como mencionó Juan Carlos Del Bello, “la elección de las carreras no puede ser entendida como un derecho absoluto y tiene que tener limitaciones”.1
Consideramos que es posible articular el derecho a la educación y la planificación institucional en un marco de armonía en la distribución de recursos humanos y materiales. Esta es la realidad de todas las universidades nacionales y solamente existen ingresos restrictivos en un grupo reducido de carreras.
Se debe proponer una ampliación de las capacidades para educar en todas las universidades, sin por ello eliminar restricciones específicas que surge de los temas ya mencionados. La normativa y las políticas nacionales y universitarias deberían impulsar la masificación de la matrícula y el efectivo derecho a estudiar en aquellas carreras que sea posible y necesario garantizarlo.
En síntesis, nuestro país está orgulloso del grado de cobertura que revela el sistema de educación superior. Pues bien, se trata de ampliarlo teniendo en cuenta además las enseñanzas que nos dejan estos dos años de educación remota de emergencia, lo que significaría una verdadera revolución dentro y fuera del sistema. Pero, además, si logramos redoblar esfuerzos para que la permanencia y el egreso avancen de modo tal de ir mejorando en un plazo no inmediato, pero sí razonable; a la vez que planifiquemos en qué áreas hay vacancias de profesionales e incentivemos sus inscripciones, marchando a un sistema de créditos con esquemas de acreditación que tengan en cuenta no solo los insumos y procesos, sino también los resultados del aprendizaje, tendremos un camino que hará aún mejor nuestro sistema universitario.
NOTAS
1 Comentario que hiciera con motivo de la discusión sobre posibles reformas a la ley de educación superior realizadas en el seno de la comisión de Planeamiento del CIN, en el corriente año.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Ezcurra, A. M. (2011). Igualdad en la educación superior. Un desafío mundial. Buenos Aires: Universidad Nacional de General Sarmiento – IEC.