La Universidad como espacio biográfico. Itinerarios académicos, intelectuales y políticos en humanidades y ciencias sociales, de Sandra Carli. Prometeo, 2023, 245 pp. 

Talia Meschiany

Universidad Nacional de La Plata (UNLP)

Han pasado un poco más de dos años de la publicación que se reseña en esta oportunidad y ya circula un nuevo libro colectivo, vale decir de acceso libre, coordinado por Sandra Carli, que se articula en torno al interrogante por las fronteras de la universidad, con el propósito de explorar la historia reciente y presente de las instituciones, las identidades docentes y estudiantiles y los saberes universitarios, entre otros temas sobre los cuales la autora viene demostrando un continuo y renovado interés (Carli, 2025).

Las preguntas por las fronteras y el estudio del pasado reciente de las universidades públicas de nuestro país, sobre todo de la Universidad de Buenos Aires (UBA), se encuentran en otros trabajos, imposible de sintetizar en este texto, así como también en la obra que se reseña en esta ocasión. De este modo, es posible reconocer un largo trayecto de la autora marcado por un recorrido sólido y profuso de investigaciones, artículos, libros, ensayos, conferencias, ediciones individuales y en co autoría, sobre el desarrollo y las formas de producción del conocimiento científico en Argentina, pero creo que con una preocupación y compromiso más englobante, relativa al derecho a la educación pública. Precisamente, uno de los aspectos valiosos del libro La Universidad como espacio biográfico. Itinerarios académicos, intelectuales y políticos en humanidades y ciencias sociales, radica en el momento en el cual comienza a circular: ¿qué nos puede decir del presente un libro que se desliza entre la historia y la memoria? La primera edición, a cargo de la editorial Prometeo, es de octubre de 2023. Un mes después, ganó las elecciones presidenciales un personaje ajeno al campo político tradicional con el objetivo de achicar el Estado y la invención de una falsa ilusión de erradicar “la casta política”. Transcurridos cinco meses, el 23 de abril de 2024, se produjo la primera marcha federal universitaria en contra de las feroces políticas de ajuste, cuya espina dorsal es el desfinanciamiento de todo “lo público” y el desmantelamiento de la cultura y de la ciencia soberana. Es en este sentido que la autora se refiere a la “novedad de este presente histórico en el que se percibe el cierre de un ciclo de la Universidad argentina” (p. 24).

En este aspecto, es un libro que cruje en nuestras manos a medida que las políticas siguen avanzando en el cercenamiento del Estado. De este modo, confronta con estas políticas y el borramiento de la memoria. Para quienes leemos el libro desde nuestra propia trayectoria en la universidad y desde nuestro propio rol docente, la autora nos invita a realizar una lectura comprometida y también diría militante con el futuro de las próximas generaciones. Entonces, ¿por qué leer el libro y qué nos aporta su lectura? Podría sugerir muchos motivos, pero quisiera señalar, en primer lugar, que a través de sus páginas es posible actualizar y resignificar desde el presente el derrotero histórico de la expansión de la educación pública en nuestro país y la comprensión de cómo fue el proceso democratizador que dio cauce al acceso de varias generaciones a la educación superior desde mediados del siglo XX. 

El libro nos coloca en el presente y nos fuga hacia adelante pero también hacia el pasado. Cada capítulo examina diferentes aristas que, a través del estudio de itinerarios biográficos de distintas figuras del campo intelectual y académico, terminan por construir -y me animo a decir, sin exagerar- una radiografía bastante completa de la historia política, social y cultural argentina, que abarca un período que se extiende desde las décadas de 1930-1940 hasta la actualidad. Como pretende la autora, el relato nos conduce y nos desliza entre diferentes temporalidades a través de una narrativa articulada y sincrónica que maneja con total maestría, que nos muestra a las personas en diferentes espacios, coyunturas y circunstancias históricas. Del retorno de la democracia en 1983 a los años setenta; de la inscripción familiar como hijos e hijas de inmigrantes al exilio en la dictadura; de la facultad al ámbito doméstico. De los grupos de lectura universitarios a los lazos afectivos y amorosos. De la docencia a la maternidad. De la profesión a la investigación. De la militancia al amor. Pero, además, es posible reunir, a través de diferentes trayectorias académicas, las piezas que conformaron un campo cultural ligado a “la Nueva Izquierda”. Gran parte de estas figuras rompieron con tradiciones políticas familiares y abrevaron en el marxismo, el comunismo, la juventud peronista, la juventud trabajadora peronista, montoneros, el pensamiento nacional y popular y fue desde estos contornos porosos entre militancia, formación y profesión académica que produjeron un conocimiento que abonó en la constitución de un campo cultural progresista desde la década de 1960-1970, del que nos sentimos herederos y contrabandistas del modo a través del cual leyeron el mundo, y con las claves que compusieron para comprender la complejidad de la trama social argentina. Pero un dato más: la mayoría son mujeres. Entonces, de nuevo: ¿por qué leer el libro y que nos aporta su lectura? Podría decir por varios motivos, pero, en segundo lugar, para quienes estudiamos historia reciente, porque es posible volver a pensar con otras pistas las complejidades de este pasado cercano, así como también la conformación de ese campo cultural en clave de género, desde un punto de vista femenino. En última instancia, porque habilita la comprensión de una época de la historia argentina donde se sembraron y brotaron ideas que se gestaron, circularon, desplazaron, migraron, entrelazaron entre el país, América Latina y el mundo, en las aulas universitarias, en los grupos de investigación, en editoriales, en revistas, en los hogares, en la gestión política y en otros tantos espacios que se convirtieron en lugares de encuentro y producción de conocimiento que todavía forman parte de nuestro legado.

Es, precisamente, a este polifónico grupo de intelectuales del campo académico y a sus trayectorias de vida, que este libro rinde homenaje; el reconocimiento a la relevancia de una generación que tuvo un papel clave en el retorno a la democracia, el período de la normalización y la conformación de los planteles docentes en la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL) y Ciencias Sociales de la UBA. Sin embargo, la pretensión de la autora desborda esos límites y nos sumerge en una historia sobre los conflictos, las tensiones y las pasiones, los traumas y los pesares de una generación testigo y protagonista de la proscripción del peronismo, la radicalización y la violencia política, dictaduras, ausencias y pérdidas, democracias con promesas incumplidas y que sostuvieron de modo comprometido, aunque no necesariamente estable, sus carreras académicas. Cada una de las experiencias biográficas analizadas carga con la historia del país. 

Estos cortes temporales le permiten al lector/a organizar el curso de una narrativa histórica sobre el tejido complejo entre elementos biográficos, institucionales, disciplinares y políticos, en una universidad que ha estado signada por la discontinuidad institucional y comprender la eficacia y los alcances de la formación universitaria en la Argentina reciente (p. 21). 

Este desborde de las pretensiones originarias de la autora hacen a la singularidad de la obra y es donde confluye con la forma que establece Sandra Carli de pensar y relacionarse con la investigación y la producción de conocimiento: es un libro de frontera, o fronterizo, que puede situarse en el terreno de cualquier campo del conocimiento social. Observo mi biblioteca y me pregunto ¿en cuál de los anaqueles colocaría este libro? Pero, el reverso de esta singularidad porosa, es su propia especificidad. Deudora del giro subjetivo en las ciencias sociales, la peculiaridad que lo distingue de otros trabajos es la dimensión subjetiva de la experiencia universitaria, que Carli ya ha abordado en otras investigaciones, y el espacio biográfico como tamiz por donde se teje la originalidad que se manifiesta en esta publicación. Desde mi experiencia, La Universidad como espacio biográfico. Itinerarios académicos, intelectuales y políticos en humanidades y ciencias sociales es un libro que se lee lento, despacio, que, por momentos, requiere volver a empezar porque la lectura resulta, sin duda, atrapante pero, principalmente, por la densidad conceptual y analítica que lo sustenta y a la que nos invita a volver a transitar reflexivamente una vez más; por la atención al robusto corpus de fuentes directas e indirectas, ya sea escritas u orales y para no perderse (y al mismo tiempo para dejarse perder) en los laberintos que va tejiendo la autora con las vidas de las distintas figuras del campo intelectual y académico que analiza en cada capítulo, y, al mismo tiempo, para intentar hacer una lectura de conjunto de la obra. 

Sandra Carli teje y entrelaza los hilos biográficos de cuatro hombres y trece mujeres cuyas vidas están marcadas por la universidad pública que nos permiten reconocer las derivas de pensamiento y conformación de distintas carreras de Filosofía y Letras y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Resulta un desafío presentar de modo sintético los capítulos porque cada uno aborda muchos temas pero, principalmente, por las decisiones que toma la autora para dar cuenta, primero, del perfil de cada figura estudiada y, luego, cómo va elaborando los cruces entre ellas y encontrando tópicos comunes. Al mismo tiempo, es interesante reconstruir cómo compone los contextos históricos, no sólo en términos de escenario sino como claves de comprensión del derrotero de esos itinerarios y de sus propias producciones e investigaciones. Los contextos históricos, entonces, resultan ser a su vez contextos de producción de múltiples textos y retroalimentan las experiencias vividas y las trayectorias académicas y profesionales. Quisiera detenerme en algunos trazos del relato y retazos de algunas experiencias relatadas por Carli.

El primer capítulo está destinado a tres figuras masculinas públicas y consagradas: Aníbal Ford (Letras), Oscar Terán (Filosofía) y Nicolás Casullo (Letras). Desde una perspectiva comparada, que pone en diálogo trayectorias y experiencias académicas de distintas generaciones y de “procedencias heterogéneas”, encara el estudio de estas biografías a partir del cruce entre la vida universitaria, la actividad profesional, la producción intelectual y la participación política. Más allá de cada singularidad, los une el modo en que han sido interpelados por el fenómeno del peronismo y nos conectan con la gestación de un mundo cultural en la segunda posguerra y las formas de sociabilidad juvenil y urbana de los años sesenta, que nos permite comprender la combinación de escritura y política, la dimensión intergeneracional de la experiencia universitaria y volver a pensarlos como “mediadores entre las distintas temporalidades del pasado reciente y del tiempo presente, en tanto combinaron una experiencia histórica intensa y una inquietud vanguardista desde el punto de vista intelectual” (p. 60).

El segundo y el tercer capítulo tratan de distinto modo sobre la carrera de Sociología a través de itinerarios biográficos académicos de cinco mujeres. El eje que los articula consiste en armar las piezas de un rompecabezas que da cuenta de cómo se produce el conocimiento y quiénes lo producen; en qué condiciones materiales de existencia, en qué contextos políticos. Y de qué modo estos condicionamientos y estos contextos incidieron en los modos de su producción intelectual. Este es uno de los motivos por los cuales en el segundo capítulo se pregunta por el sentido de la premisa “hacer sociología”, que incluye un punto de vista feminino.

A través del estudio de tres mujeres que provenían de otras carreras: Ruth Sautú (Ciencias Económicas), Susana Checa (Filosofía) y Perla Aronson (Medicina), Carli propone nuevas entradas para comprender la conformación de la carrera de Sociología (1957). La autora hace una lectura de estas biografías y se interroga por el cruce entre las prácticas de producción científica de las primeras generaciones de mujeres sociólogas, con otros “quehaceres” vinculados a las “cuestiones domésticas, familiares y amorosas, en una etapa caracterizada por fracturas generacionales en relación con los valores familiares y el desarrollo de una revolución sexual discreta” (p. 63). Gino Germani aparece allí como un par habilitante y como posibilidad de hacer una nueva sociología signada por la crítica y la radicalización política . 

El tercer capítulo se centra en las experiencias universitarias de dos mujeres sociólogas, Hilda Herzer y Norma Garrica, pioneras en sociologías especiales que inciden en el desarrollo de las ciencias sociales y que, desde 1983, se convirtieron en “referentes latinoamericanas de los estudios urbanos y rurales” (p. 91). 

La combinación entre compromiso político y producción académica como resultado de la huella que ha dejado la estancia en Chile en la década de 1960 y posteriormente en México, hace confluir a Liliana de Riz y a Graciela Batallán en el cuarto capítulo. La primera se ocupa del análisis de los sistemas de gobierno desde la sociología política comparada y, la segunda, desde la antropología de la educación indaga sobre temáticas relativas a las escuelas, el trabajo y las prácticas docentes con foco en la persistencia del autoritarismo en la estructura del Estado y en el sistema educativo. La autora explora los itinerarios de dos mujeres cuyas vidas se modularon entre los viajes y las estancias de investigación en distintos países. A partir de allí, fue posible el desarrollo de sus indagaciones acerca de la complejidad de las democracias de finales del siglo.

Sandra Carli fue una de las jóvenes graduadas que en los inicios de la democracia se conecta con Adriana Puiggrós cuando retorna del exilio y pone en marcha el proyecto Alternativas pedagógicas y prospectiva educativa en América Latina (Appeal). Como parte de una generación ausente de la universidad, que albergó proyectos revolucionarios de transformación política y social y que, por eso mismo, fue padeciente del terrorismo de Estado y el exilio, se producía en ese encuentro, según la autora, una “transmisión demorada”. El capítulo quinto está destinado a reconstruir el itinerario biográfico, académico, político e intelectual de una de las pensadoras más importantes sobre la educación en términos locales, regionales e internacionales. En el capítulo seis avanza sobre lo que Sandra Carli identifica como territorios colindantes y zonas fronterizas de las ciencias sociales para dar con las trayectorias de Alicia Entel y Ana Amado, situadas en el terreno de las ciencias de la comunicación y las artes. El exilio interno y el exilio externo marcaron sus vidas y se encuentran entre 1986 y 1989 en la revista Vivir, de la Editorial Abril, que había sido refugio para escritores y escritoras durante la última dictadura militar. A través de estas dos figuras nos adentramos en el mundo editorial destinado a la infancia y la crianza de los hijos a partir de saberes expertos destinados a madres y padres de clase media. El séptimo capítulo trata de Jorge Panesi y Elvira Arnoux, profesores de la carrera de Letras de la FFyL de la UBA que compartieron además, la enseñanza en la escuela secundaria e institutos de formación docente. Ambos son reconocidos por su interés en las prácticas de lectura y escritura en la universidad pública. Por último, el capítulo ocho, gira en torno a los itinerarios de Mirta Zaida Lobato y Leonor Arfuch. A través de la lectura de sus tesis doctorales, Carli nos invita a reconocer la renovación que se produce en las disciplinas humanas y sociales que dio lugar a un nuevo tipo de investigaciones. Por un lado, la historia social y cultural y, por otro, el impacto del giro lingüístico y el análisis del discurso. 

Las pinceladas de cada capítulo procuran  invitar  a leer el libro teniendo en cuenta sus múltiples aristas y posibles entradas. Para los que leemos el libro desde la periferia de la UBA, nos invita a preguntarnos por la circulación de las ideas y de las personas, en este caso entre La Plata y Buenos Aires; ofrece una caja de herramientas para reconstruir el mundo de otras universidades y del campo intelectual argentino.

Para concluir, no quisiera dejar de plantear una última reflexión: así como en diferentes párrafos he planteado la pregunta ¿por qué leer el libro y que nos ofrece su lectura?, me interesa finalizar esta reseña con el siguiente interrogante: ¿desde dónde escribe Sandra Carli este libro? No caben dudas que lo hace desde el aula y la docencia, así como de una posición consolidada en el campo científico académico, pero ella dice que escribe como estudiante (p. 18), como lectora extranjera (p. 20), en modo autobiográfico porque emparenta este libro con sus propias obras (p. 16) y, en los agradecimientos, alude a su papel de secretaria de posgrado y consejera directiva en la gestión de Federico Schuster, exdecano de la Facultad de Ciencias Sociales (p. 25). Es, precisamente, su propio itinerario biográfico político académico, signado por la docencia, la investigación, la formación de tesistas y becarios, la gestión; la vida en las aulas, la charla en los pasillos, las reuniones de trabajo en el Instituto de Investigaciones Gino Germani (IIGG), los lazos institucionales y las amistades que se forjaron en el transcurso de su propia biografía, pero también su ligazón al arte, a la poesía, a la inmensidad del mar, lo que le permite escribir un libro tan completo, tan profundo, tan sensible y, a la vez, tanto aún por escribir. No quisiera concluir esta reseña sin traer las palabras de Sandra Carli, cuando menciona que la escritura del libro ha estado “marcada por acontecimientos biográficos dolorosos, signada por figuras ausentes y presentes que pusieron en juego un trabajo de memoria” (p.19) y que, como ha demostrado, dejaron sus huellas sobre el derrotero de la obra. 

Referencias bibliográficas

Carli, S. (Dir. y Comp.). (2014). Universidad pública y experiencia estudiantil: Historia, política y vida cotidiana. Miño y Dávila.

Carli, S. (Coord.). (2025). Las fronteras de la universidad pública: Instituciones, identidades y saberes. CLACSO-IIGG. https://libreria.clacso.org/publicacion.php?p=4243&c=49