{"id":2055,"date":"2020-09-22T00:55:52","date_gmt":"2020-09-22T00:55:52","guid":{"rendered":"https:\/\/www.pensamientouniversitario.com.ar\/?p=2055"},"modified":"2020-10-20T23:18:25","modified_gmt":"2020-10-20T23:18:25","slug":"la-necesaria-radicalizacion-democratica-de-la-agenda-universitaria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pensamientouniversitario.com.ar\/index.php\/2020\/09\/22\/la-necesaria-radicalizacion-democratica-de-la-agenda-universitaria\/","title":{"rendered":"La necesaria radicalizaci\u00f3n democr\u00e1tica de la agenda universitaria"},"content":{"rendered":"\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n<div class=\"breadcrumbs align  wp-block-bcn-breadcrumb-trail has-text-color has-background\" vocab=\"https:\/\/schema.org\/\" typeof=\"BreadcrumbList\">\n\t<span><\/span>\n\t<span property=\"itemListElement\" typeof=\"ListItem\"><a property=\"item\" typeof=\"WebPage\" title=\"Go to Pensamiento Universitario.\" href=\"https:\/\/www.pensamientouniversitario.com.ar\" class=\"home\" aria-current=\"page\"><span property=\"name\">Pensamiento Universitario<\/span><\/a><meta property=\"position\" content=\"1\"><\/span><\/div>\n\n\n\n<div style=\"height:20px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<h1 class=\"wp-block-heading\">La necesaria radicalizaci\u00f3n democr\u00e1tica de la agenda universitaria<\/h1>\n\n\n\n  \n    <style>\n        #encabezado-imagen-aleatoria {\n            width: 100%;\n            height: 150px;\n            background-size: cover;\n\n        }\n        #encabezado-imagen-aleatoria img {\n            height: 150px;\n            width: auto;\n            max-width: 100%;\n\n        }\n    <\/style>\n    <div id=\"encabezado-imagen-aleatoria\"><img decoding=\"async\" src=\"\/wp-content\/animaciones\/ImagenesEstaticas\/19\/Cuadro3Recorte-web.jpg\" \/><\/div>\n\n\n\n<div style=\"height:20px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p><strong>Yamile Socolovsky<\/strong><\/p><cite>Secretaria de Relaciones Internacionales y Directora del Instituto de Estudios y Capacitaci\u00f3n (IEC), CONADU.<\/cite><\/blockquote>\n\n\n\n<p>La organizaci\u00f3n de la Conferencia Regional de Educaci\u00f3n Superior del a\u00f1o 2008 coincidi\u00f3 con una etapa durante la cual se estaban produciendo transformaciones importantes en el sistema universitario p\u00fablico argentino. El componente m\u00e1s destacado de la Declaraci\u00f3n de Cartagena, la definici\u00f3n de la educaci\u00f3n superior como un derecho humano y un bien p\u00fablico, y la consecuente afirmaci\u00f3n de la responsabilidad de los Estados en su sostenimiento y desarrollo, encontraban en ese momento un claro correlato en una pol\u00edtica p\u00fablica que, al otorgar relevancia a la educaci\u00f3n y a la actividad cient\u00edfico-tecnol\u00f3gica, sintonizaba no s\u00f3lo con las expectativas de una parte importante de la comunidad universitaria y de la poblaci\u00f3n, sino con la vocaci\u00f3n manifiesta de varios gobiernos progresistas que llegaron a conformar en ese momento un polo regional con capacidad de direccionar un proceso de integraci\u00f3n regional que, a\u00fan con limitaciones, pudo comenzar a desarrollarse en varios planos. El pronunciamiento de la CRES 2008 fue, sin dudas, una expresi\u00f3n distintiva de esa voluntad.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Con la llegada de N\u00e9stor Kirchner a la Presidencia de la Naci\u00f3n, en el a\u00f1o 2003, tras una devastadora crisis econ\u00f3mica, pol\u00edtica y social que hab\u00eda coronado un largo per\u00edodo de aplicaci\u00f3n del recetario neoliberal por parte de gobiernos crecientemente condicionados por el capital financiero, se inici\u00f3 un ciclo de recuperaci\u00f3n de las funciones tradicionalmente asociadas al Estado de bienestar, durante el cual las universidades p\u00fablicas fueron llamadas a contribuir con el desarrollo de&nbsp; pol\u00edticas p\u00fablicas. La reivindicaci\u00f3n del derecho a la educaci\u00f3n, a\u00fan fuertemente anclada en la expectativa de la movilidad social ascendente, junto al reconocimiento del car\u00e1cter estrat\u00e9gico de la formaci\u00f3n de profesionales altamente calificados y de la producci\u00f3n de conocimientos socialmente necesarios para un proyecto de desarrollo nacional que traz\u00f3 su horizonte pol\u00edtico en la perspectiva de la integraci\u00f3n latinoamericana, fundamentaron no s\u00f3lo el crecimiento sostenido del financiamiento p\u00fablico para el sector, sino un programa de ampliaci\u00f3n y fortalecimiento del sistema a trav\u00e9s de la creaci\u00f3n de nuevas instituciones, la mejora sustantiva de las condiciones laborales, y la implementaci\u00f3n de programas de infraestructura, equipamiento, vinculaci\u00f3n territorial, inclusi\u00f3n y acompa\u00f1amiento de estudiantes, la orientaci\u00f3n de la investigaci\u00f3n asociada a prioridades de las pol\u00edticas p\u00fablicas, y la construcci\u00f3n de articulaciones acad\u00e9micas regionales. Esta pol\u00edtica de gobierno, que se extendi\u00f3 durante los dos mandatos presidenciales de Cristina Fern\u00e1ndez de Kirchner (2007-2015), logr\u00f3 el apoyo de la mayor\u00eda de las representaciones sindicales y estudiantiles cuyas demandas hist\u00f3ricas comenzaban a concretarse, y fue acompa\u00f1ada por el conjunto de las autoridades acad\u00e9micas. Cabe consignar que incluso quienes hab\u00edan suscrito a proyectos pol\u00edticos y universitarios divergentes, o a\u00fan antag\u00f3nicos, parecen haber encontrado en esta etapa, con una in\u00e9dita dotaci\u00f3n de recursos y una infrecuente valoraci\u00f3n p\u00fablica de sus responsabilidades, un c\u00famulo de razones aparentemente suficientes para garantizar una adhesi\u00f3n al menos pragm\u00e1tica a sus lineamientos.<\/p>\n\n\n\n<p>Constituida de este modo contradictorio, esa amplia trama de apoyos provey\u00f3 una legitimaci\u00f3n capaz de asegurar cierta \u201cgobernabilidad del sistema\u201d, mientras desde el nivel central se propon\u00edan actividades y programas que daban cauce en las instituciones a expresiones pol\u00edtico-acad\u00e9micas m\u00e1s comprometidas con una perspectiva de cambio que, en rigor, no lleg\u00f3 a formularse como un proyecto sino como un conjunto de objetivos generales en funci\u00f3n de los cuales se trazaron algunas estrategias y se recuper\u00f3 una genealog\u00eda que inscribi\u00f3 los logros de esta etapa en el proceso hist\u00f3rico de una reforma universitaria inconclusa que, sujeta a los vaivenes propios de la pol\u00edtica nacional, buscaba completarse bajo el signo de la \u201cdemocratizaci\u00f3n\u201d. En el per\u00edodo siguiente (2015-2019), esos cambios, e incluso aquella narrativa, demostraron haber consolidado en una medida no desde\u00f1able un n\u00facleo de sentido cuya productividad pol\u00edtica gravit\u00f3 en las acciones de resistencia al ajuste presupuestario, as\u00ed como en el rechazo generalizado a la propaganda que pretend\u00eda desacreditar a las universidades p\u00fablicas, y muy especialmente a las instituciones de m\u00e1s reciente creaci\u00f3n, cuya \u201cmisi\u00f3n\u201d de origen las tornaba la expresi\u00f3n m\u00e1s cabal (y, desde otro punto de vista, m\u00e1s insoportable) de una pol\u00edtica de apertura y acercamiento a los sectores populares.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, tambi\u00e9n es cierto que las transformaciones realizadas bajo esa impronta \u201cdemocratizadora\u201d no llegaron a conmover ciertas pr\u00e1cticas fuertemente arraigadas en la cultura acad\u00e9mica, ni suprimieron los factores estructurales que sostienen su reproducci\u00f3n y que nunca dejaron de operar como obst\u00e1culos para una mayor democratizaci\u00f3n del sistema en varios sentidos relevantes. Se increment\u00f3 de manera notable la llegada de estudiantes de los sectores populares, de bajos ingresos y habitantes de zonas alejadas de los centros urbanos, pero no lleg\u00f3 a abordarse m\u00e1s que con programas paliativos el problema del desgranamiento en los primeros a\u00f1os de las carreras. Se estimul\u00f3 de diversas maneras la formaci\u00f3n de posgrado, la dedicaci\u00f3n a la investigaci\u00f3n en \u00e1reas definidas como estrat\u00e9gicas, y el reconocimiento de la importancia y especificidad de las humanidades, las ciencias sociales y las ciencias aplicadas, pero no se modific\u00f3 la matriz que a\u00fan configura el dispositivo hegem\u00f3nico de evaluaci\u00f3n y acreditaci\u00f3n de la actividad cient\u00edfica como un modo de adscripci\u00f3n subalterna a un circuito acad\u00e9mico transnacionalizado, mercantilizado, burocratizado y estrechamente productivista, que deval\u00faa toda forma de producci\u00f3n de conocimientos que permanezca ajena a los criterios de excelencia impuestos a nivel global. Se promovi\u00f3 el mejoramiento y crecimiento de matr\u00edcula en carreras consideradas relevantes para formar profesionales en \u00e1reas prioritarias para el desarrollo nacional, pero no dej\u00f3 de gravitar de manera decisiva la impronta profesionalista de las disciplinas \u201cliberales\u201d, que contin\u00faan expresando las aspiraciones de movilidad social individual y que siguen siendo, en t\u00e9rminos generales, determinantes de la orientaci\u00f3n pol\u00edtica de muchas instituciones y de las motivaciones de buena parte de sus integrantes. La persistencia de ciertas din\u00e1micas que combinan mecanismos tradicionales en la cultura acad\u00e9mica con el efecto de los dispositivos que se instalaron en la d\u00e9cada del \u201890 de la mano de los programas de reforma neoliberal, y que contin\u00faan reproduciendo desigualdades y una concentraci\u00f3n del poder que torna abstracta -cuando no oportunista- la apelaci\u00f3n a una autonom\u00eda que se establece como autodeterminaci\u00f3n de algunos sectores sobre la base de la sistem\u00e1tica exclusi\u00f3n de otros, constituye, finalmente, la barrera m\u00e1s efectiva para el avance de toda pretensi\u00f3n democratizadora. La imposibilidad de sustituir en aquel per\u00edodo la Ley de Educaci\u00f3n Superior, vigente desde el a\u00f1o 1995, por una norma m\u00e1s adecuada y capaz de dinamizar el proceso de transformaci\u00f3n democr\u00e1tica y anti mercantil que se promov\u00eda, es una prueba de esa resistencia conservadora al interior del propio sistema universitario, pero tambi\u00e9n revela una muy d\u00e9bil disposici\u00f3n a someterse a la regulaci\u00f3n normativa del Estado por parte de instituciones que, en distintos per\u00edodos, admitieron y asimilaron pol\u00edticas de signo contrario que se desarrollaron bajo un mismo marco legal.&nbsp;Los debates que precedieron a la realizaci\u00f3n de la CRES 2018, en el Centenario de la Reforma Universitaria de C\u00f3rdoba, registraron de una manera clara esa agenda pendiente, en un contexto muy diferente del que hab\u00eda caracterizado el pronunciamiento de 2008, no solamente por el marcado cambio en la orientaci\u00f3n pol\u00edtica de la mayor parte de los gobiernos de la regi\u00f3n, sino por el acelerado avance de la privatizaci\u00f3n y mercantilizaci\u00f3n de la educaci\u00f3n y el conocimiento a nivel global. En ese escenario, la reafirmaci\u00f3n del derecho fundamental a la educaci\u00f3n superior, de su car\u00e1cter estrat\u00e9gico para el desarrollo de sociedades m\u00e1s igualitarias, y del rol ineludible de los Estados para garantizarla, fue un logro muy importante, aunque constituye una definici\u00f3n que deja abierta la discusi\u00f3n de los ordenamientos y las transformaciones que se requieren para lograr esos objetivos. La agenda universitaria, claramente, no es una sola, y en sus t\u00edtulos puede colarse m\u00e1s de una interpretaci\u00f3n. Como advertimos cuando se aproximaba la celebraci\u00f3n de la CRES 2018, un cierto \u201cconsenso c\u00f3modo\u201d parec\u00eda estar celebrando demasiado r\u00e1pidamente la coincidencia en torno a algunos denominadores comunes, que s\u00f3lo un debate m\u00e1s abierto podr\u00eda despojar de la ambig\u00fcedad que permite incorporarlos en el discurso de sectores que representan intereses concretos muy diversos e incluso antag\u00f3nicos. Es necesario someter a cr\u00edtica las enunciaciones que ya hace tiempo vienen identificando entre los desaf\u00edos para la educaci\u00f3n superior en el Siglo XXI, cuestiones como la mejora y el aseguramiento de la calidad, la pertinencia de la \u201coferta\u201d educativa y de la actividad de investigaci\u00f3n en cumplimiento de la responsabilidad social universitaria, la ampliaci\u00f3n de las redes de movilidad acad\u00e9mica y la internacionalizaci\u00f3n, la transparencia y la rendici\u00f3n de cuentas en la gesti\u00f3n de los recursos, la desburocratizaci\u00f3n y dinamizaci\u00f3n de la conducci\u00f3n de las instituciones, una vinculaci\u00f3n m\u00e1s estrecha con el sector productivo y con el mundo del trabajo, y tambi\u00e9n el prop\u00f3sito aparentemente incuestionable de la inclusi\u00f3n. La asepsia pol\u00edtica en la formulaci\u00f3n de estos temas dificulta considerarlos como desaf\u00edos, excepto en cuanto se asuma que s\u00f3lo interpelan a una cultura universitaria que se diagnostica demasiado r\u00e1pidamente como atrapada en una inercia que resiste a la necesidad de cierta modernizaci\u00f3n. Porque, como puede verse, se trata b\u00e1sicamente de una agenda que procura adecuar la actividad y la organizaci\u00f3n de los sistemas universitarios latinoamericanos a las tendencias internacionales en curso.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Es preciso advertir que la clave m\u00e1s notoria de esa internacionalizaci\u00f3n modernizante a la que se nos convoca es la mercantilizaci\u00f3n, que atraviesa a los sistemas universitarios de varias maneras y a trav\u00e9s de un conjunto de dispositivos que implican, simult\u00e1neamente, la sujeci\u00f3n cada vez m\u00e1s f\u00e9rrea de las instituciones y de la actividad que en ellas se desarrolla a los objetivos y l\u00f3gicas del poder econ\u00f3mico, y la conformaci\u00f3n del mundo acad\u00e9mico como un territorio m\u00e1s para el lucro empresarial. El avance de esta tendencia implica el disciplinamiento del pensamiento y la negaci\u00f3n de su potencia cr\u00edtica, la enajenaci\u00f3n de la actividad de ense\u00f1anza e investigaci\u00f3n respecto de los colectivos sociales cuyas necesidades e intereses colisionan con la preservaci\u00f3n del orden hegem\u00f3nico, la segmentaci\u00f3n de circuitos diferenciados que establecen condiciones educativas y oportunidades de formaci\u00f3n de acuerdo con posibilidades de acceso concebidas como posibilidades de consumo que trazan trayectorias-destino, y, al mismo tiempo, una precarizaci\u00f3n notable de condiciones de trabajo que -correlativamente a lo que ocurre en otras actividades asalariadas &#8211; reserva el disfrute de derechos laborales b\u00e1sicos como un privilegio para pocas personas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En las actuales circunstancias, cuando la pandemia producida por el Covid-19 no s\u00f3lo agudiza la desigualdad en todas sus dimensiones, sino que anuncia un futuro a\u00fan mucho m\u00e1s injusto, es imprescindible replantear esa agenda de debates asumiendo que la educaci\u00f3n y la producci\u00f3n de conocimientos no s\u00f3lo ser\u00e1n determinantes para torcer ese designio, sino que ellas mismas son, m\u00e1s que nunca, uno de los territorios relevantes de una disputa en la que se juega el destino com\u00fan. El desarrollo capitalista siempre ha hecho del conocimiento y la innovaci\u00f3n tecnol\u00f3gica un factor clave en la competencia por los mercados y en el incremento de la tasa de ganancias. Sin embargo, de manera creciente, y a la par de la concentraci\u00f3n econ\u00f3mica y de la hegemon\u00eda del capital financiero transnacional, la revoluci\u00f3n tecnol\u00f3gica m\u00e1s reciente conlleva, entre sus potencialidades abismales, una transformaci\u00f3n de las relaciones sociales que, ordenada por la b\u00fasqueda inmediata de rentabilidad, implicar\u00eda no s\u00f3lo una mayor marginalizaci\u00f3n y despojo de la poblaci\u00f3n asalariada, sino un avance abrumador sobre las subjetividades, que hace del dispositivo tecnol\u00f3gico-comunicacional un poderoso factor de control social. En este sentido, el vaciamiento de la din\u00e1mica democr\u00e1tica, por la obturaci\u00f3n de la imaginaci\u00f3n pol\u00edtica capaz de proyectar alternativas, es un requisito necesario para completar la captura corporativa de los Estados, liquidando toda voluntad colectiva de impulsar procesos de resistencia y de cambio. La disputa tecnol\u00f3gica es decisiva en t\u00e9rminos de las oportunidades para el desarrollo, pero es fundamental, adem\u00e1s, para la democracia y la aspiraci\u00f3n a construir una comunidad de iguales.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En este momento, el compromiso presidencial de someter a debate una nueva Ley de Educaci\u00f3n Superior constituye una oportunidad para construir una norma adecuada a los desaf\u00edos de esta etapa, pero, sobre todo, para inaugurar un debate m\u00e1s audaz. La universidad est\u00e1 llamada a repensar y redefinir sus tareas en funci\u00f3n de poder contribuir, sobre la base de la cr\u00edtica como dimensi\u00f3n fundante de su autonom\u00eda, a la soberan\u00eda -educativa, cultural, cognitiva, tecnol\u00f3gica- que, entendida ahora como independencia respecto de la imposici\u00f3n del poder f\u00e1ctico del capital, nos permita proyectar un futuro diferente. Es perentorio preguntarse cu\u00e1les son, en esta etapa, las claves para hacer posible el pensamiento cr\u00edtico y la politizaci\u00f3n de la universidad, frente al administrativismo disciplinador y autoritario que se cierne sobre las instituciones; esa es la agenda que necesitamos reescribir.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Es necesario radicalizar la pregunta por las condiciones necesarias para asegurar el derecho a la educaci\u00f3n y la democratizaci\u00f3n del conocimiento en nuestras universidades. Se trata, entonces, de proveer condiciones materiales y pedag\u00f3gicas para seguir ampliando el ingreso, la permanencia y el egreso de estudiantes, pero tambi\u00e9n de poner en debate el sentido de la educaci\u00f3n que propone la universidad. La posibilidad de que la ense\u00f1anza universitaria contribuya a la formaci\u00f3n de profesionales con capacidad y voluntad de aportar su esfuerzo al desarrollo democr\u00e1tico de nuestra sociedad, est\u00e1 estrechamente ligada al modo en que se produce y circula el conocimiento, y a las vinculaciones que se establecen en este proceso. Descolonializar el conocimiento supone no s\u00f3lo un ejercicio te\u00f3rico, cr\u00edtico de los saberes hegem\u00f3nicos, sino una actividad que interpele las pr\u00e1cticas sociales y acad\u00e9micas que reproducen la cultura dominante y dominadora. En esos t\u00e9rminos, toda la actividad que se desarrolla en las universidades deber\u00eda poder desplegarse bajo coordenadas que permitan establecer din\u00e1micas m\u00e1s colaborativas, dial\u00f3gicas y abiertas al encuentro con la diversidad. Para mencionar s\u00f3lo algunas claves: es urgente poner en debate y reformular el dispositivo evaluador, cuya gravitaci\u00f3n alcanza todas las esferas de la actividad acad\u00e9mica, y que ordena a la vez los esfuerzos individuales y las acciones colectivas. Asimismo, el desarrollo de una pedagog\u00eda cr\u00edtica, en y para la universidad, tiene que dejar de ser un esfuerzo marginal para convertirse en un eje central de la democratizaci\u00f3n de la ense\u00f1anza en este nivel. Adem\u00e1s, el mundo de la producci\u00f3n y el trabajo no puede permanecer como un territorio ajeno sobre el cual se proyectan transferencias (o transacciones) ocasionales. La universidad, adem\u00e1s de constituir en s\u00ed misma un \u00e1mbito laboral en el que deben asegurarse derechos, es tambi\u00e9n un factor de incidencia decisiva en la propia configuraci\u00f3n del modelo productivo y de la organizaci\u00f3n del trabajo que la sociedad necesita. La universidad p\u00fablica, en su articulaci\u00f3n con las instituciones del sistema cient\u00edfico-tecnol\u00f3gico nacional, tiene una responsabilidad fundamental en la generaci\u00f3n de condiciones para viabilizar una perspectiva de desarrollo soberano, sustentable y orientado a asegurar el bienestar general. Esta tarea, a la que deben ser convocadas todas las \u00e1reas y campos disciplinares, interpela a la universidad en relaci\u00f3n con la totalidad de sus funciones, y, muy especialmente, en virtud de su capacidad de intervenci\u00f3n en el debate p\u00fablico, un \u00e1mbito absolutamente decisivo en la disputa de sentidos que est\u00e1 en el centro de la construcci\u00f3n democr\u00e1tica. Finalmente, en esta etapa resulta absolutamente prioritario disponer reaseguros para evitar el avance de la ofensiva mercantilizadora y privatizadora sobre la educaci\u00f3n y el conocimiento, identificando especialmente la multiplicidad de estrategias que favorecen su despliegue al interior de los sistemas p\u00fablicos y en los \u00e1mbitos en los que se define la pol\u00edtica de los Estados. Confrontar este proceso, que representa, junto a la conversi\u00f3n de un derecho universal en una mercanc\u00eda, el sometimiento de la potencia creativa del pensamiento y la acci\u00f3n colectiva, requiere la audacia de una radicalizaci\u00f3n democr\u00e1tica de la agenda universitaria.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La necesaria radicalizaci\u00f3n democr\u00e1tica de la agenda universitaria Yamile Socolovsky Secretaria de Relaciones Internacionales y Directora del Instituto de Estudios y Capacitaci\u00f3n (IEC), CONADU. 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